Un milagro del fútbol del pasado

Sergio Alberruche

Por

Hace cuatro décadas, en 1982, Juan José Laso Rhodes fue a ver a su hijo de 17 años a Sheffield, la ciudad en la que estaba estudiando inglés ese verano. Lo recogió y lo llevó a pasar el día a Nottingham, alrededor de setenta kilómetros más al sur. Ya en Nottingham, Juan José Laso Rhodes y su hijo se dirigieron a un único lugar: el City Ground, el estadio del Nottingham Forest Football Club, que se asienta desde el año 1898 en la ribera del río Trent. Estuvieron todo el día visitando sus instalaciones, gastando el tiempo en sus oficinas. Además, comieron junto a él, aunque no lo hicieron solos: otros tres hombres ingleses los acompañaron en esa comida.

Lo recuerda, mucho tiempo después, ya en 2021, Juan José Laso Palomares, aquel joven de 17 años que en la actualidad es un adulto de más de 50. Y lo hace a 1.900 kilómetros de distancia, en Guadalajara, la localidad española en la que otro estadio a la ribera de un río, el Municipal Pedro Escartín, a orillas del Henares, unió sorprendentemente a dos clubes, el Forest y el Club Deportivo Guadalajara, cuando uno dominaba el fútbol europeo y el otro acababa de ascender a Tercera División desde Regional Preferente. Fue debido al Trofeo Alcarria, la «ambición personal» de Juan José Laso Rhodes. «Es una historia bonita», avisa su hijo. Y añade: «Si lo ves con los ojos de hoy en día, es imposible que pudiera haber sucedido».

El futbolista que entrenaba sin botas

Juan José Laso Rhodes, el principal protagonista de esa historia, nació el 20 de noviembre de 1936 en Cabanillas del Campo, una localidad de la provincia de Guadalajara, y debutó como futbolista con el Deportivo Guadalajara el 20 de noviembre de 1953, el mismo día en el que cumplió 17 años. Fue en el extinto Campo del Productor, en una derrota por la mínima de los alcarreños contra el Don Benito en un partido del grupo IV de la Tercera División. «Debutó en las filas del Guadalajara el joven jugador Laso, primero como extremo derecho, en cuyo puesto, que no es el suyo, no hizo grandes cosas. Luego pasó a medio volante y entonces dio una lección de cómo se juega en esa zona, cortando mucho y pasando con gran precisión», describió en su crónica el periódico Nueva Alcarria la actuación del debutante deportivista, que se convirtió en un fijo del equipo guadalajareño a lo largo de los siguientes años, llegando a ser internacional universitario con España y coincidiendo en Guadalajara con el zaragocista Carlos Lapetra y el atlético Isacio Calleja antes de pasar, ya en el curso 1958-1959, al Rayo Vallecano, que militaba en Segunda División, equipo en el que jugó doce partidos.

Tras esa única campaña en Vallecas, Laso fichó por el Real Madrid, si bien su destino podría haber sido diferente, en concreto, situándolo como jugador del Atlético de Madrid: el 12 de junio de 1958, Javier Barroso Sánchez-Guerra, presidente del club colchonero, y el futbolista alcarreño llegaron a firmar un contrato en el que Laso se comprometía a actuar en el equipo rojiblanco a partir del 1 de septiembre de ese año a razón de 1.500 pesetas al mes (9 euros). De esa posibilidad inacabada solamente quedan ahora los recuerdos de ese documento y de una foto en blanco y negro en la que Laso aparece con la elástica del Atleti, así como las palabras de arrepentimiento ante esa decisión que el propio Laso pronunció años después en la prensa de Cádiz: «Pues, verá usted, más bien arrepentido, pues para jugar en el Real hay que ser en seguida un superclase, de lo contrario se ponen a cederte a los clubes con el consiguiente perjuicio que esto trae consigo. Si hubiese fichado por el Atlético, a estas horas estaría jugando en Primera División y tendría una buena cuenta corriente en un banco», afirmó en una entrevista al periodista Don Boni.

En cualquier caso, esas palabras de Laso, que en esa pelea entre los rivales madrileños fue fichado por el propio Miguel Muñoz y que se decantó por el conjunto merengue porque, como él mismo admitió en prensa, las condiciones de su contrato profesional de cuatro años de duración eran exponencialmente mejores, fueron una excepción, ya que su agradecimiento al club madridista siempre fue eterno, tal y como mostró en multitud de ocasiones: «Todo jugador del Real Madrid no puede tener queja alguna en lo económico, pues caballero y generoso se porta como ninguno», le dijo una vez en 1960 al periodista Bernabé Relaño en el periódico Nueva Alcarria.

De su paso por el Real Madrid destacaron algunos desplazamientos y los amistosos en los que jugó con el primer equipo, su presencia en la lista de jugadores inscritos en la quinta Copa de Europa consecutiva que cosecharon los madridistas, su ausencia de debut en algún partido oficial, las reiteradas cesiones y, sobre todo, sus entrenamientos con los Di Stéfano, Puskas y compañía. Especialmente, con Gento: «Cuando jugaba en el Plus Ultra y entrenaba contra el primer equipo del Real Madrid le hacían entrenar sin botas porque era muy leñero y él cubría a Gento, para que no le diera patadas», rememora con una sonrisa su hijo.

Precisamente, el Plus Ultra fue el primer conjunto al que el club madridista lo cedió en una trayectoria deportiva en Segunda División que también lo llevó a la UD Salamanca (pese a que ese año tuvo ofertas del Real Mallorca y del Elche CF, ambos en Primera División), al Hércules CF, al CD San Fernando (donde fue dado de baja, según sus propias palabras, «porque era un jugador demasiado caro… para un club tan pobre») y, previo paso por el Balón de Cádiz de Tercera División, al Cádiz CF a cambio de «cinco mil pesetas por partido oficial jugado aparte del sueldo y demás cosas». Allí, Laso se convirtió en el jugador más expulsado del conjunto gaditano en esos años y su falta de disciplina puso prácticamente fin a su carrera: el árbitro De Sosa lo echó del campo dos veces, una por protestar (cuatro partidos de sanción) y otra por agresión al colegiado (dieciséis partidos de sanción). «Nunca fui un ejemplo de jugador disciplinado», reconoció el propio Laso ya en los años ochenta en el periódico Nueva Alcarria. «Me gustaba divertirme», añadió. Y completó: «Nunca he hecho la pelota a nadie».

No en vano, tras esas sanciones, Laso regresó a Tercera División en la temporada 1966-1967 al fichar por el Atlético Sanluqueño, la última etapa lejos de Guadalajara para un futbolista comodín que se desempeñó de forma recurrente en el lateral derecho, pero también de defensa central y de medio volante. «Un jugador de clase juega siempre donde lo pongan, yo lo hago así», espetó en la entrevista con el periodista Don Boni. Y sentenció: «El jugador de quien se habla es porque tiene algo, aunque pretendan desprestigiarlo. Del que no se habla es porque resulta mediocre, que es lo peor».


El club en el que sus jugadores se duchaban con bidones

El epílogo como futbolista de Juan José Laso Rhodes sucedió en la misma categoría y en el mismo equipo en el que todo había comenzado. Aquel Laso que se retiró en el curso 1967-1968 tras disputar una última temporada con el Deportivo Guadalajara en Tercera División tenía ya 31 años, había estudiado Ciencias Químicas en Salamanca y se había graduado en la especialidad de máquinas marinas en la Escuela de Ingenieros Navales de Cádiz (más tarde, completaría sus estudios con una diplomatura en Marketing en la Escuela Superior de Ingenieros Comerciales y con un Graduado Social por la Universidad de Granada), y, tras casi diez años lejos de la capital alcarreña, estaba completamente preparado para el siguiente capítulo de su vida: ser el joven e inexperto presidente de un club de fútbol en el que, como él mismo manifestó años después en el periódico Nueva Alcarria, «no había ni un par de botas, el campo carecía de agua corriente y los jugadores tenían que ducharse con bidones».

De hecho, tras jugar en Tercera División quince de sus dieciocho primeras temporadas de existencia, el Deportivo Guadalajara se retiró de las competiciones desde 1965 a 1967 al quedarse sin terreno de juego tras el derribo del Campo del Productor y entró en una grave crisis institucional que casi desembocó en su desaparición, para certificar la incertidumbre inherente a su existencia desde su fundación: desde que Jaime Pujades fuera elegido como presidente por 28 compromisarios en representación de 814 socios el 26 de abril de 1947, el club alcarreño acumulaba ya en esa época seis presidentes diferentes, dos presidentes accidentales, tres comisiones gestoras y otros tantos períodos cercanos a la desaparición, en 1958, con una deuda de 200.000 pesetas (1.202 euros), en 1962, y también en 1965, después de quedarse sin campo en el que jugar.

Ya en 1967, la situación continuaba siendo especialmente grave para un club en el que su presidente, Manuel Ramos, había anunciado su decisión de abandonar su cargo y que, en su vuelta a las competiciones, de nuevo en Tercera División, había estrenado en encuentro oficial, el 17 de septiembre de 1967, con una victoria ante el Real Ávila, un nuevo estadio, llamado por entonces Campo del Henares, que no solamente no tenía agua corriente, sino que era inaccesible y que, además, se estaba cayendo. «A los ocho meses de terminarse, el campo de fútbol del Guadalajara ha empezado a hundirse», fue el titular de Bernabé Relaño en la noticia del jueves 15 de agosto de 1968 aparecida en el periódico Nueva Alcarria, en la que el periodista guadalajareño explicaba que después de que en el mes de febrero de 1967 la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes hubiera adjudicado las obras con un presupuesto de 5.469.121 pesetas (32.870 euros) para la construcción de un campo de 60 x 100 metros y con capacidad para 6.000 personas (1.000 de ellos de asiento), el citado Campo del Henares, que todavía no se había entregado de forma oficial, se estaba derrumbando. «Uno de los laterales precisamente donde se sitúa el público se ha caído totalmente en una longitud de 47 metros», narró en su texto. Y continuó: «Detrás de la tribuna existe un pasillo de unos cien metros de largo de los cuales se han levantado poco menos de la mitad y se ha caído la alambrada que cerca el campo».

Es decir, un club desahuciado y un equipo que había descendido de nuevo a Primera Regional. Esa fue la situación con la que se encontró Juan José Laso Rhodes el 1 de junio de 1968, cuando se convirtió en el nuevo presidente del Club Deportivo Guadalajara tras la dimisión definitiva de Manuel Ramos y con el único aval de haber sido un futbolista recién retirado. Con él continuaron los problemas económicos recurrentes a lo largo de la historia del club deportivista, pero dicha entidad también alcanzó por fin una cierta estabilidad institucional: en su primera etapa como presidente del club alcarreño, Laso se mantuvo en el cargo hasta el 30 de junio de 1980, el período más largo de cualquier presidente en el CD Guadalajara hasta ese momento, y llevó con mano firme, prácticamente absolutista, al Dépor a protagonizar, con permiso de la fase de ascenso a Segunda División del curso 1950-1951 que le enfrentó contra equipos como el Real Betis o el Recreativo de Huelva, su primera gran era exitosa, para algunos de sus aficionados, la mayor de toda su historia.

«Fue una época muy distinta y muy bonita. Éramos una familia», recuerda en la actualidad Jesús Uchi Carlavilla, subalterno habitual de Laso en las directivas deportivistas de aquellos años. Aunque matiza: «Juanjo era muy personal, lo llevaba él todo, acaparaba todo. Era Dios en el Deportivo Guadalajara». Unas palabras que, de hecho, encuentran apoyo en las declaraciones que el propio expresidente deportivista realizó a lo largo de su vida: «En todos los sitios donde mandan muchos no manda nadie y es un desastre», reconoció en abril de 1980 en el medio Flores y Abejas. Y en Nueva Alcarria, unos años después, mientras alardeaba de que su carácter no iba «con las palmaditas en la espalda ni con las sonrisas forzadas ni con el lagoteo», prosiguió: «Yo creo que lo bueno en España sería una democracia dictatorial, si fuera posible, porque la democracia hay que hacerla respetar».

Bajo ese liderazgo personalista de Laso, «otro de aquellos mandatarios caciquiles y dictatoriales, también pintorescos, tan propios de la época, solo que a pequeña escala» como le definió una vez el periodista y escritor alcarreño Rafael González Tejel, el Club Deportivo Guadalajara consiguió que llegara el agua corriente a su estadio, construyó las gradas y los vestuarios, puso el césped en el terreno de juego y también la iluminación nocturna, estos últimos dos hitos en el año 1974. Antes, el 1 de abril de 1970, a partir de las 17 horas, el Campo del Henares pasó oficialmente a denominarse Estadio Pedro Escartín, con un partido entre el Dépor y la Selección Española de Aficionados, que contaba con Goyo Benito, Toni Grande y Quini. El encuentro terminó con empate a uno y el propio Pedro Escartín, a sus 67 años, arbitró durante cinco minutos con el permiso de Camacho, el colegiado internacional que dirigió el choque.

«Hay que estar totalmente loco para ser presidente del Deportivo Guadalajara», se sinceró Laso sobre su primer periplo como máximo mandatario deportivista en el año 1980 en Flores y Abejas. Y un par de meses después continuó: «Yo diría que el Guadalajara ha tenido innumerables problemas, pero el más importante no cabe duda que el campo». El propio Laso cifró el dinero invertido por el club alcarreño en el Pedro Escartín en su primera etapa como presidente en 6.121.500 pesetas (36.790 euros), además de pagar anualmente 36.000 pesetas (216 euros) por sus derechos de uso. «Antes en los clubes la gente trabajaba por la cara. A todos los directivos que estaban en el Deportivo Guadalajara les costaba dinero el Guadalajara y a mi padre, mucho también», concuerda en la actualidad su hijo.

No en vano, esos doce años de Laso como presidente del Club Deportivo Guadalajara estuvieron marcados por tres grandes narrativas. Por un lado, los citados y persistentes problemas económicos: en 1968, cuando Laso inauguró su cargo, el club guadalajareño tenía 40.000 pesetas de déficit (240 euros) y, en 1980, cuando lo finalizó, esa cifra ascendía ya a los seis millones de pesetas (36.060 euros). «Me preocupa enormemente la cuestión económica del club, que es catastrófica», reconoció abiertamente el expresidente deportivista en Flores y Abejas al término de la temporada 1977-1978. Un par de años antes, en 1976, tras ser reelegido por aclamación, el propio Laso, incluso, exigió que todos los socios aportaran 1.000 pesetas (6 euros) cada uno para poder liquidar a los jugadores si querían que él continuara en el cargo. Asimismo, también en 1976, en el mes de febrero, el club alcarreño celebró una cena para que los socios y aficionados colaboraran para, como se decía en una noticia aparecida en el diario Pueblo, «sanear la endeble economía del club»: actuó Rocío Jurado, acudieron 170 personas y se recaudaron a base de donativos 1.800.000 pesetas (10.818 euros). Por ello, por la continua incertidumbre económica, ya en 1980, Laso tenía claro hacía dónde tenían que dirigirse los clubes de fútbol: «El futuro de los clubes es constituirse en sociedades anónimas», manifestó en todos los medios de comunicación en los que le preguntaron, incluida la parte deportiva del programa Hora 25 de la Cadena Ser, a donde el aclamado periodista José María García lo llevó en abril de ese mismo año.

La segunda narrativa fueron las continuas polémicas originadas por el propio Laso, una «figura discutida» en Guadalajara, con «ardientes defensores y furibundos detractores». «Mi padre era inaguantable. Era polémico, no tenía mano izquierda, nunca la tuvo. Pero para mi padre el fútbol era su vida, lo dio todo por el fútbol, primero como jugador y luego como presidente del Deportivo Guadalajara», defiende su hijo la figura de una persona que no tuvo miedo de enfrentarse a nadie. Ni a las instituciones: «Lo más grave es ver que el equipo representativo de una provincia y una ciudad no tiene el respaldo que debía de tener de los máximos organismos provinciales y locales, me refiero a la Diputación y al Ayuntamiento», señaló directamente en una ocasión. Ni a los políticos: «Yo desde luego me fío de las personas, pero no de los políticos», se vanaglorió en otra oportunidad. Ni a sus propios directivos: «Es muy bonito estar a la hora del triunfo, pero es difícil estar en las horas bajas», se lamentó en una asamblea del club deportivista. Ni a los socios: «¿Ha apoyado la afición? Rotundamente no, así de claro», culpabilizó otra vez. Ni a los aficionados: «El fútbol muchas veces no tiene lógica, de ahí su dificultad, a pesar de que todo el mundo cree que entiende», dejó caer en otra entrevista. Ni a los medios de comunicación, especialmente contra Ángel Asensio, periodista del medio guadalajareño Flores y Abejas, que, pese a todo, despidió en 1980 en un artículo de opinión con alabanzas al presidente de la «etapa que podría calificarse como la de mayor brillantez de toda la historia del Deportivo»: «Juanjo Laso ha sido un presidente controvertido, polémico, pero algo que nunca nadie podrá negarle es su acendrado cariño al Deportivo Guadalajara. En Juanjo Laso los hechos primaban sobre las palabras; no era hombre de mano izquierda, y a veces esta falta de diplomacia ha resultado perjudicial para el Club; ha sido un hombre que ha defendido a capa y espada todo cuanto significase el Deportivo Guadalajara. Se volcó en el Deportivo y quiso llevarlo lo más alto posible», escribió. «Ahí están para atestiguarlo, ese campo de fútbol Pedro Escartín, en el que se podrá estar de acuerdo o no con la fórmula de cesión al Deportivo, con un césped mejor que el de muchos campos de primera división y con esa grada de fondo construida legalmente o no, pero que surgió como demostración de la voluntad de un equipo directivo», completó. Y finalizó: «Los doce años que Juanjo Laso estuvo al frente del Deportivo seguramente serán recordados, cuando el tiempo permita afrontar los hechos con perspectiva histórica, como una de las etapas más gloriosas y discutidas de la historia del Club».

Porque, de hecho, la tercera y última narrativa de esos doce años fue, sin duda, los triunfos deportivistas dentro del terreno de juego.

La ciudad en la que sus habitantes se echaron a la calle

Aunque, en realidad, aquel Deportivo Guadalajara de los años setenta fue un equipo ascensor, lejos de la élite y de la gloria en el fútbol español, con más temporadas en categoría regional que en Tercera División. Sin embargo, a día de hoy, tantas décadas después, sus éxitos no se ilustran con lo que ocurrió sobre el terreno de juego, sino con las estampas que se vivieron en Guadalajara en las inmediaciones del Estadio Municipal Pedro Escartín, sobre el puente y la colina que se alzan junto al recinto alcarreño, con toda esa gente que llenaba el que en la ciudad guadalajareña denominaban «Tendido de los Sastres» para disfrutar gratis, sin tener que pasar por taquilla, de las hazañas de los Sesma, Cedillo, Ferrer, Coloscou, Ochando o García Hernández. «Lo del público era impresionante. El Tendido de los Sastres se ponía abarrotado», admite hoy en día el propio José Luis Sesma, el eterno portero deportivista, que se marchó al Guadalajara con 18 años y que, salvo una campaña en el equipo amateur del Real Madrid (con Vicente del Bosque y Mariano García Remón de compañeros), no volvió a irse ya más pese a las ofertas que recibió, especialmente una del CD Málaga de Primera División, por valor de dos millones de pesetas (12.020 euros), equipo con el que hasta entrenó quince días y jugó dos partidos amistosos. «Hubo épocas en las que pude salir, pero siempre me acomodé a Guadalajara. El fútbol se vivía de otra manera», razona.

Básicamente, para los jugadores de un equipo que militaba entre Primera Regional y Tercera División, el fútbol se traducía en pasar de las categorías juveniles del Real Madrid o el Atlético a tener que marcharse a jugar a Guadalajara en el Dépor con tres entrenamientos a la semana, a las 21 horas, tras completar su jornada laboral, comiendo después un bocadillo en el bar del Pedro Escartín y regresando en autobús a Madrid. Sesma, a Canillejas a las 23: 30. Su compañero Manuel Hernández Coloscou, cerca de medianoche a Atocha y, desde allí, andando hasta su casa en la calle Mesón de Paredes, en Lavapiés. Y ya el fin de semana, partidos en Vitoria, Eibar, Salamanca, Logroño, San Sebastián, Sevilla, Murcia, Ceuta o Melilla. A veces, incluso, llegar el lunes de nuevo al trabajo sin apenas dormir tras el viaje en autobús.

«He visto mucha más hambre que dinero en el fútbol», arguye el propio Coloscou. Pero analiza: «Desde las canteras del Madrid y del Atleti se veía al Dépor como un buen destino para jugar: era una capital de provincia, con buena prensa, cerca de Madrid y con seriedad». «No me tenía que preocupar para cobrar. En otros equipos, sí. Como decía un buen amigo mío, para ser buen jugador de fútbol tienes que ser bizco: tener un ojo mirando al balón y otro, al presidente», insiste.

Seriedad y también, claro, el apoyo multitudinario del público en un fútbol español que, hasta bien avanzada la década de los setenta, solamente tenía seis competiciones nacionales: la Primera División, la Segunda División y los cuatro grupos de Tercera. «En los años setenta el campo estaba lleno siempre, había mucha afición en Guadalajara al fútbol», secunda Eduardo Carlavilla, el hijo de Uchi. Y el vástago de Laso le apoya: «En los campos de fuera de Tercera División y de Primera Regional recibías tortas, insultos. Había mucha pasión. Todavía recuerdo a los grises cuando se pegaban o esperaban a la salida al equipo contrario. Recuerdo muchas noches acompañar a mi padre a la comisaría a sacar a aficionados de allí porque habían tirado una piedra», relata. «Tuvo mucho mérito subir a Tercera División. El primer ascenso en Huesca tuvo un mérito que yo creo que Guadalajara no ha vuelto a vivir nada así», prosigue. Y es de nuevo Eduardo Carlavilla el que completa: «Ni cuando se subió a Segunda. Toda la calle Mayor y la Plaza Mayor llenas de gente. Salió toda la gente a la calle».

Cronológicamente, su promoción de ascenso a Tercera División contra la SD Huesca en la temporada 1972-1973, victoria en el Pedro Escartín y derrota mínima en El Alcoraz, supuso el primer gran éxito deportivista de una década que también le vio proclamarse campeón de Castilla de Aficionados y ascender otra vez más a Tercera División en la campaña 1975-1976 contra el Villarreal CF, victoria en el Pedro Escartín con dos goles y un partido memorable de García Hernández, cedido por el Real Madrid, y empate en El Madrigal, aquella tarde de, como se contó en la crónica del diario Pueblo, «explosión de entusiasmo entre el millar de seguidores alcarreños, que pasearon en hombros a Laso», y en la que Sesma se tuvo que retirar a los quince minutos lesionado. El exportero deportivista lo recuerda a la perfección, ya que un día después, tras una primera suspensión y otro posible aplazamiento por sus compromisos balompédicos, se casó con el brazo en cabestrillo con su esposa María José, una novia que, tal y como escribió la prensa local, «tras ese traje blanco, se viste igualmente con la camisola morada de la ilusión». «Pasé la noche allí, me vine a Guadalajara por la mañana y me casé por la tarde con 40 grados de fiebre», comenta Sesma. Por supuesto, no hubo noche de bodas.

Como tampoco la hubo, metafóricamente hablando, finalmente en el Club Deportivo Guadalajara, que alcanzó el cénit de esa década un año después, en el curso 1976-1977, la temporada en la que se fue hasta los 14,8 millones de pesetas de presupuesto (88.949 euros) y los más de 1.500 socios, pero que se hipotecó al intentar vivir continuamente por encima de sus posibilidades, buscando repetir una y otra vez sus éxitos pasados. El partido homenaje del 6 de agosto de 1977 a Cedillo y al propio Sesma (que continuó desempeñándose hasta el año 1979) en el que el Dépor goleó a un Atlético Madrileño que aceptó jugar gratis en el Pedro Escartín después de que el Real Madrid, el club en el que se habían formado ambos futbolistas, pidiera 400.000 pesetas (2.404 euros) para que el Castilla, su filial, fuera a Guadalajara, supuso la capitulación tácita de la primera época presidencial de Juan José Laso, que, en cualquier caso, había creado ya un par de años antes, en 1975, su gran legado, el que ha hecho pervivir su ascendencia hasta nuestros días.

Se trataba de un torneo amistoso de verano y recibió el nombre de Trofeo Alcarria.

El trofeo que se disputó en Guadalajara, pero que surgió en Cádiz

No es muy arriesgado afirmar que el Trofeo Alcarria nunca hubiera existido sin el Trofeo Ramón de Carranza. «Mi padre iba todos los años al Trofeo Carranza, lo tomó de ejemplo», asiente el hijo de Laso. Y profundiza: «Mi padre tenía pasión por Cádiz y por el Trofeo Carranza. Fue una época en la que los trofeos de verano cogieron mucho auge y a mi padre se le metió en las narices hacer un Trofeo Alcarria bonito». «El Trofeo Alcarria en Guadalajara solamente podría haberse creado en esa época», concluye.

De hecho, fue la conjunción de esos dos factores lo que creó el Trofeo Alcarria, el torneo amistoso de verano del Club Deportivo Guadalajara. Por un lado, el amor que Juan José Laso sentía por las tierras gaditanas desde que permaneció allí de 1962 a 1967 jugando para el San Fernando, el Balón, el Cádiz y el Sanluqueño. Por otro lado, el interés que el Dépor despertó en la población guadalajareña tras su ascenso en Huesca y su consiguiente buena temporada en Tercera, en la que terminó octavo de su grupo. La férrea voluntad del propio Laso se encargó del resto: «A Juanjo no se le ponía nada por delante. Siempre conseguía lo que se proponía. No le daba miedo nadie», expone Sesma. Y añade: «Estaba metido en el mundo del fútbol a tope y utilizaba sus contactos».

«Laso tenía buenas relaciones y se movía muy bien», explica Eduardo Carlavilla. «Mi padre, aunque no tenía mano izquierda, era un relaciones públicas excelente y por el fútbol daba su vida» asiente también Laso hijo. Habla con conocimiento de causa: él es aficionado del Atlético de Madrid porque en su séptimo cumpleaños apareció Luis Aragonés y le regaló una camiseta colchonera con el número 7 a la espalda. «Por mi casa han pasado infinidad de jugadores de fútbol siempre. Luis Aragonés era íntimo de mi padre, al igual que Di Stéfano», continúa. Y Sesma da fe a esa afirmación: «Yo he sido pareja de mus de Di Stéfano», apunta.

De tal modo, el Atlético Madrileño se adjudicó por mayor número de goles a su favor la primera edición del Trofeo Alcarria, que se disputó el 15, 16 y 17 de agosto de 1975 en formato triangular entre el filial rojiblanco, el Deportivo Guadalajara y la RSD Alcalá, que no quiso recoger su copa al entender que el resultado final había sido injusto. Por su parte, el equipo colchonero sí que recogió su trofeo, una talla de madera que representaba a una mielera alcarreña, que había sido diseñada por un artista que tenía su taller en la Cava Baja madrileña y que había costado 18.000 pesetas (108 euros).

En cualquier caso, el Trofeo Alcarria empezó a ganar enjundia a partir de su segunda edición, disputada el 13, 14 y 15 de agosto de 1976, que también se adjudicó el Atlético Madrileño en un torneo que pasó a ser con formato de semifinales y final, que dejó un beneficio de 150.000 pesetas (901 euros) en las arcas del club alcarreño y que contó también con la presencia del Deportivo Guadalajara, la RSD Alcalá y la AD Torrejón (uno de sus jugadores, Carmelo, protagonizó la anécdota de esa edición al tener que ser sacado del campo por la fuerza pública tras no querer abandonar el terreno de juego después de haber sido expulsado por el árbitro). Por un lado, con el apoyo del Banco Comercial Español después de que, según contaran en el diario Pueblo el 24 de julio de 1976, «la operación, o mejor dicho las conversaciones para llegar a un entendimiento, se llevó a cabo en una céntrica cafetería de la capital, al amparo de los güisquis, en esta ocasión, provisto de lomo, jamón y queso». Por otro, con la creación de un nuevo trofeo al ganador, diseñado por el Estudio de Arte Nacho y sufragado por el propio Banco Comercial Español, el banco en el que trabajó José Luis Sesma, primero, en Madrid, y, más tarde, cuando su trayectoria deportiva le llevó allí, en Guadalajara.

Valorado en alrededor de 250.000 pesetas (1.502 euros), hasta en nuestro diario As apareció el 4 de agosto de 1976 una noticia en la que se hablaba de este «valioso trofeo de fina artesanía en la que Nacho ha dejado constancia de ser un excelente orfebre». «Nacho ha sabido crear un trofeo alcarreño», apuntaba, mientras, Nueva Alcarria en una noticia dos días antes. Y ese texto continuaba: «El trofeo consta de una peana de mármol, con los escudos de los equipos participantes y el del Banco Comercial Español, con un tarro de miel en el que se ve una abeja; encima de esta cámara, un balón sobre el que va una corona. En el balón va el escudo del Deportivo Guadalajara y el de nuestra ciudad. Está todo hecho en bronce, el trofeo pesa ocho kilos, tiene una altura de sesenta centímetros».

Un año después, el 9 de agosto de 1977, fue el propio Manuel Mesa, el diseñador del trofeo a petición del Estudio de Arte Nacho, el que expresó su opinión al respecto en una entrevista en Flores y Abejas: «El trofeo es una escultura y debe ir, y de hecho va, realzada con mármol, y se le ha puesto el mármol más regio que hay, como corresponde a la pieza que es. Lo que ocurre es que es totalmente distinto a lo que se ha hecho siempre en deporte. Hasta ahora se han hecho copas, y esta es la primera vez que entra el arte dentro del deporte, y es la primera vez que se hace una escultura para un trofeo, y por eso quizá no llene y parezca fuera de lugar, pero es cuestión de tiempo», vaticinó. Y finalizó: «Una obra de arte es todo. Todo en la vida es una obra de arte. Hay obras de arte buenas y obras de artes malas, pero todo lo que el ser humano hace y desarrolla con sus manos es una obra de arte. Y ¿por qué no va a estar una obra de arte en un campo de fútbol? ¿No está en la calle, y le llueve y nieva y los chicos le tiran piedras?».

Precisamente, fue en esa tercera edición celebrada el 13, 14 y 15 de agosto de 1977, que ganó el Club Getafe Deportivo de Segunda División ante el Deportivo Guadalajara, la RSD Alcalá y el CD Azuqueca, y que dejó 200.000 pesetas (1.202 euros) en ingresos al club deportivista, cuando la organización del Trofeo Alcarria mostró por primera vez su ambición de convertirse en un torneo internacional. «Se barajaron nombres tales como Salamanca, Burgos, Nacional de Montevideo, Os Belenenses, Atlético de Portugal e incluso Atlétic de Bilbao [sic], pero por las pretensiones económicas de estos equipos, de las 800.000 pesetas del Nacional [4.808 euros] a los 1,5 millones de pesetas [9.015 euros] del Os Belenenses, la directiva morada desistió de ello», escribió a finales de junio el periodista Pasiterec en Flores y Abejas. Y cerró: «Pero es interesante que haya habido contactos para procurar que, si no este año, sí el próximo, haya algún equipo de primera en este trofeo que, a tres años de su nacimiento, ya tiene un bien merecido prestigio adquirido».

Al final, fue el club getafense, que según Nueva Alcarria cobró 270.000 pesetas (1.602 euros) por disputarlo, el equipo de mayor entidad en un torneo que «nació con poca fuerza, debido, naturalmente, a que el Deportivo carecía de los medios económicos suficientes como para hacer frente a los gastos que supone un trofeo de la categoría del actual», pero que iba ya «adquiriendo fuerza entre los trofeos que se disputan en Castilla». «Intentaremos traer en otras ediciones equipos de más categoría, aunque cuesta mucho dinero, y el Deportivo solo no va a poder. Tendrá que ser cosa de todos; todos tendremos que colaborar», finalizó nada más concluir el torneo, también en Nueva Alcarria, Manuel Escribano, el director del Banco Comercial Español en Guadalajara, que estaba a punto de ser adquirido por el Banco Santander, justo un año después, en 1978, el mismo año en el que la cuarta edición del Trofeo Alcarria, celebrado los días 23 y 31 de agosto y 7 de septiembre, dejó 300.000 pesetas (1.803 euros) de ingresos para el Dépor en un torneo que se adjudicó el Club Deportivo San Fernando de Henares por delante del conjunto alcarreño, el CD Azuqueca y una selección de veteranos del Real Madrid y del Atlético de Madrid que contó con la presencia de Di Stéfano y José Armando Ufarte.

«Cuando nació el Trofeo Alcarria no nos lo creíamos. Estamos hablando de equipos con un nombre impresionante y para nosotros era un orgullo», explica Coloscou. «El Trofeo Alcarria daba entidad a la ciudad», prosigue. Y sentencia: «Había mucha gente que no era de Guadalajara que estaba en el Trofeo Alcarria. La gente quería venir al Trofeo Alcarria. Cuando ocurre eso es cuando te da la sensación de que es un evento importante».

Y eso que todavía faltaba por suceder lo que, en palabras de Sesma, «fue prácticamente un milagro»: en 1979, apenas cinco años después de que el Pedro Escartín cambiara la tierra por el césped y pusiera por primera vez iluminación artificial, un conjunto de la Primera División inglesa iba a jugar en Guadalajara el torneo de verano de un equipo de regional.

Pero lo mejor de todo es que en los años siguientes, hasta 1981, esa anécdota, azarosa e inexplicable, se convirtió en una experiencia legítima y habitual.

El norirlandés que anotó un doblete en el Vicente Calderón

«A mi padre el fútbol que le gustó siempre era el fútbol inglés, era el fútbol que más le atraía. No sé si por la entrega, por la fuerza física, por la afición que tienen en Inglaterra al fútbol», reconoce Laso hijo, aunque, en realidad, su padre llevaba Inglaterra en sus propios genes: su segundo apellido, Rhodes, venía por parte de un tatarabuelo de su madre, que era inglés.

Tan inglés como el Queens Park Rangers, el equipo del oeste de Londres que participó en la quinta edición del Trofeo Alcarria apenas unos meses después de terminar vigésimo en la Primera División inglesa y descender a Segunda tras seis temporadas consecutivas militando en la máxima categoría del fútbol inglés, donde había llegado a ser subcampeón tres años antes, en el curso 1975-1976.

Ya en el mes de julio, al poco de finalizar esa campaña 1978-1979 en la que el Deportivo Guadalajara terminó décimo clasificado de su grupo en Regional Preferente, el césped del Pedro Escartín fue resembrado, la entidad morada tenía alrededor de 650 socios y los problemas económicos continuaban acuciando al club alcarreño (en una Asamblea Extraordinaria realizada poco después, en el mes de noviembre, la directiva volvió a pedir aportaciones voluntarias a los abonados para poder terminar la temporada), el propio Laso mantuvo en una entrevista en Nueva Alcarria que el Dépor esperaba tener un equipo inglés de Primera División en el Trofeo Alcarria, un deseo que se amplió en la Asamblea de Socios celebrada apenas unas semanas después, donde los directivos deportivistas confirmaron la presencia en el torneo de la AD Torrejón de Segunda División y de la AD Alcorcón de Tercera División, al tiempo que anunciaron que el tercer conjunto sería el Queens Park Rangers inglés o el Rayo Vallecano de Primera División. Incluso, esos mismos directivos propusieron a los socios que el Deportivo quedara excluido de su propio torneo para que lo jugaran tanto los londinenses como los vallecanos y que, por su parte, el Dépor disputara un partido de presentación contra el citado QPR unos días antes, pero la discusión generada fue polémica y no hubo acuerdo definitivo a ese respecto.

Finalmente, con entradas especiales a 100 pesetas (0,6 euros) para los socios deportivistas, un presupuesto superior a las 600.000 pesetas (3.606 euros), suponiendo 319.000 pesetas (1.917 euros) de gastos para el Deportivo Guadalajara y dejando después alrededor de 250.000 pesetas (1.502 euros) de beneficio líquido para el club alcarreño, la quinta edición del Trofeo Alcarria comenzó el sábado 11 de agosto a las 21 horas con la presencia de los alcorconeros, los torrejoneros, los londinenses y los alcarreños. «El Club Deportivo ha hecho un gran esfuerzo por traer a estos equipos y ahora solo cabe esperar que el aficionado responda como es de esperar y se pueda sacar el dinero que cuestan e incluso ganar una peseta que buena falta hace. Este torneo Alcarria se ha convertido en el más importante de Castilla, por lo que se refiere a los que organizan los clubes de la categoría del Deportivo», apuntó Nueva Alcarria en su previa.

Por su parte, el trofeo al campeón, «una obra de arte que constituye una de las principales atracciones», fue una vez más, con permiso del conjunto inglés, uno de los grandes protagonistas de un torneo para el que club deportivista editó un amplísimo programa de mano en el que, hoy en día, se encuentran interesantes anécdotas. Por ejemplo, en el editorial: «Quizás muchos no lo entiendan; otros nos tacharán de locos, tontos o insensatos; no nos importa, […] hemos podido realizar este pequeño milagro», mantuvieron desde la directiva. Y en la presentación de los equipos de un Trofeo Alcarria, «sin discusión el de más importancia» porque interviene el «Queen’s Park Ranger [sic]» inglés, «entrenado nada más y nada menos por el célebre Tom Docherty, exentrenador y mánager del Derby County y del Manchester United». Y en la página de figuras populares, donde la directiva morada destacó a Paco Valderas, delegado del Atlético Madrileño, y a Paco García Hernández, ex del Dépor y jugador del Real Madrid que había presenciado los cuatro torneos anteriores. Y en otra página con declaraciones de exfutbolistas como Di Stéfano («Jugué el pasado año con las viejas glorias y me gustó mucho el ambiente, el terreno de juego es magnífico, merece la pena presenciarlo») y Ufarte («Vendré a presenciarlo, es magnífico y además me interesa ver al Deportivo»), pero que también dejó espacio para las palabras resignadas del librero Emilio Cobos («Es interesante puesto que viene un equipo extranjero. Da vida a esta ciudad que está muerta o a punto de morir») y para la sinceridad plagada de serotonina del pastor de ganado Ángel López («Me gusta porque bajan muchas gachís»). Y en los más de 100 anuncios que aparecen entre sus páginas, 93 de ellos de Guadalajara capital y otros de localidades como Madrid, Torrejón de Ardoz, Alcalá de Henares, Molina de Aragón, Iriépal, Marchamalo y Yunquera de Henares, con lemas tan anacrónicos en la actualidad como el de Boutique Riofrío («Galardonado en Sainz Tropez [sic] con el Oscar de Oro 1979 a la mejor moda especializada en vestidos nupciales»), el de Tejidos Toyma («Todo para el hogar para la futura ama de casa»), el de Bar Restaurante El Velero (con «aire acondicionado»), el de La Abeja de Oro (especialidad en «patitas de Abeja») o el lacónico del Bar Astur (especialidad en «Café»).

En lo estrictamente deportivo, la AD Alcorcón derrotó en los penaltis en la primera semifinal al Dépor (con Sesma en la portería) en el citado sábado 11 de agosto, y un día después, el domingo 12, también a partir de las 21 horas, el Queens Park Rangers goleó por 4-0 a la AD Torrejón en un polémico encuentro en el que el colegiado Galindo Otero mostró cinco tarjetas rojas y otras tantas cartulinas amarillas. En el minuto 67, ambos conjuntos estaban ya con diez jugadores. Y en el minuto 70, con nueve. Y en el minuto 75, los madrileños se quedaron con únicamente ocho futbolistas en el campo. «Les falta mucho para arbitrar a equipos ingleses. Estos tienen un juego fuerte, que van a por el balón con fuerza y siempre en todas les hacía pensar que se iba con mala intención y de ahí las expulsiones. El juego inglés les viene grande porque no lo entienden, disputan el balón, pero nunca van a las piernas. […] Nos falta mucho para comprender el fútbol inglés», teorizó al respecto el periodista Bernabé Relaño en Nueva Alcarria sobre el arbitraje de un partido que, según los medios locales, «puso de relieve la diferencia entre ambos equipos», ya que «los ingleses siempre mantuvieron la serenidad, orden y sin descomponerse en ningún momento», hasta que en «la segunda parte el equipo de las islas se mostró más fuerte, más técnico y con mejor situación en el campo y de ahí esa goleada». «Los ingleses del Queen’s [sic] practicando un fútbol sin posiciones fijas, pasaban del 4-3-3 posicional a un ataque en que todos sus jugadores se desmarcaban y se convertían en delanteros, con aperturas por las alas, balones al hueco y al primer toque, y rapidez en el disparo a puerta», prosiguió, por su parte, la crónica de Flores y Abejas.

McGee, en el minuto 25, inauguró un marcador que su compañero Wallace amplió en el minuto 75 y que, ya en la recta final, Hamilton certificó con un doblete, el primero en una «magnífica jugada personal» en la que regateó «a toda la defensa y al portero por dos veces» en una acción «muy aplaudida por el público». Los ingleses se retiraron, precisamente, entre aplausos en un encuentro en el que el Deportivo Guadalajara recaudó en taquilla 170.000 pesetas (1.021 euros) y que pasó a la historia alcarreña, además, porque el conjunto londinense se convirtió en el tercer equipo extranjero en visitar Guadalajara tras el partido amistoso entre el Dépor y el Grundig Furth alemán (1-2) de la temporada 1955-1956 y el del Dépor contra la Unión Española de Chile (1-1), con el que se inauguró el césped del Estadio Pedro Escartín el 27 de agosto de 1974 (por su parte, la iluminación del recinto alcarreño se estrenó con un amistoso contra el Cádiz, si bien el mayor taquillaje del club deportivista hasta ese momento se había logrado en un choque disputado el 4 de agosto de 1975 contra el Atlético de Madrid, entrenado por Luis Aragonés y que llegó a tierras alcarreñas plagado de figuras, incluidos Gárate, Reina, Ratón Ayala, Capón, Irureta —apenas un mes antes de fichar por el Athletic Club a cambio de 25 millones de pesetas [150.253 euros]— y Cacho Heredia).

Mientras, la final se disputó el martes 14, también a partir de las 21 horas, para que el Queens Park Rangers se proclamara el primer conjunto extranjero en adjudicarse el Trofeo Alcarria después de derrotar a la AD Alcorcón en un partido en el que comenzó ganando 3-0, pero en el que los alcorconeros lograron poner emoción al final anotando dos tantos (3-2). Harkouk, con un doblete, y Hamilton, con su tercera diana en dos partidos, fueron los goleadores ingleses, quedando el delantero norirlandés como máximo artillero de un torneo que se celebró a apenas 60 kilómetros del lugar en el que protagonizó su momento más glorioso como futbolista, cuando el 1 de julio de 1982, casi tres años después, en la segunda fase del Mundial de España, Hamilton, que también jugaría cuatro años más tarde el Mundial de México, anotó los dos goles del empate de Irlanda del Norte contra Austria en el extinto Vicente Calderón.

Además de los citados Billy Hamilton, el argelino Rachid Harkouk, Paul McGee o el fallecido Barry Wallace, por el Queens Park Rangers también jugaron en Guadalajara futbolistas como el portero Derek Richardson, Ron Abott, Hill, Martyn Rogers (después de debutar con 17 años en el Manchester United, había llegado ese mismo verano al conjunto londinense tras un traspaso de 7.500 libras), Philip Nutt, Docker, Dean Wilkins o el irlandés Gary Waddock, que a lo largo de su trayectoria disputó más de 200 encuentros con la elástica del conjunto del oeste de Londres. Nombres recurrentes, casi todos ellos, en una primera plantilla de ese QPR (entre ellos, en esa campaña recién finalizada de la Primera División inglesa, McGee había disputado 22 partidos; Richardson, 18; Harkouk, 15; Hamilton, 11; Wallace, 5, y Abbott, 2) que, como recalcó el Deportivo Guadalajara en el programa de mano, estaba entrenado por el histórico Tom Docherty, el técnico escocés que había ganado la FA Cup con el Manchester United y la Football League Cup con el Chelsea.

«Eran partidos para disfrutar, la afición bajaba en pleno al campo. Filas de gente bajando por la calle Julián Besteiro. El Tendido de los Sastres, con toda la gente desde arriba viendo el fútbol sin pagar. Por la noche, con los focos. Era un espectáculo», admite Laso hijo sobre un torneo en el que la entrega del trofeo al campeón se realizó, de hecho, ya bien entrada la noche, en plena fiesta en una discoteca de Guadalajara, y que contó, como apuntó Nueva Alcarria, con un «plantel de equipos con fútbol y con popularidad que han arrastrado a muchos aficionados», entre ellos, un Queens Park Rangers que «ha competido perfectamente y se han portado con honradez, entregándose siempre en el campo y dispuestos a llevarse el torneo para su tierra». «Aquello fue una revolución en Guadalajara. No estábamos acostumbrados a jugar contra esos equipos», completa Eduardo Carlavilla.

Aunque, en realidad, la mecha de esa revolución no había hecho nada más que prenderse: al año siguiente, el club campeón de las dos ediciones anteriores de la Copa de Europa iba a jugar también en el césped del Pedro Escartín y, encima, lo iba a hacer contra el propio Deportivo Guadalajara.

La gesta que ningún equipo podrá repetir jamás

El 6 de enero de 1975. Esa es la fecha en la que Brian Clough se convirtió en entrenador del Nottingham Forest y que marcó para siempre el punto de partida de una gesta que ningún equipo podrá repetir jamás. Nadie, nunca, jamás. Sucedió apenas dieciséis semanas después de que el propio Clough fuera despedido para poner fin a sus famosos y malditos cuarenta y cuatro días como entrenador del Leeds United y algo menos de diez días más tarde de que el Forest perdiera, el 28 de diciembre de 1974, otro partido más de la Segunda División inglesa en su estadio, el City Ground, contra su rival más cercano, el Notts County Football Club, el equipo cuyo campo, el Meadow Lane, se ubica a únicamente 270 metros en línea recta en la otra orilla del río Trent a su paso por Nottingham, a unos diez minutos andando desde el citado City Ground, ya sea atravesando el puente Trent o el puente Lady Bay. Visto en perspectiva, ninguno de esos dos acontecimientos parece en la actualidad sorprendente: Clough odiaba al Leeds United por encima de cualquier cosa y, desde que fuera fundado en 1865, el Forest, que ocupaba en ese momento la decimotercera posición de la división de plata inglesa, apenas había alzado un par trofeos de la FA Cup, uno en 1898 y otro en 1959.

Sin embargo, apenas cinco años después de ese 6 de enero de 1975, ese Clough despedido y ese Nottingham Forest de Segunda División ya habían ganado juntos, entre otros trofeos, un campeonato de la Primera División inglesa, dos Football League Cups y dos finales consecutivas de la Copa de Europa para certificar la gesta que ningún equipo, nadie, nunca, jamás, podrá repetir.

«Desafortunadamente, creo que lo que consiguió el Forest no volverá a suceder», apoya Daniel Taylor, escritor sénior en The Athletic, cuatro veces nombrado mejor periodista de fútbol de medios escritos de Gran Bretaña (y una vez elegido mejor escritor de artículos deportivos y otra vez más mejor periodista deportivo de Gran Bretaña) y acérrimo aficionado del Nottingham Forest desde que en 1981, un año después de que el conjunto entrenado por Clough se alzara con su segunda Copa de Europa, viera por primera vez un partido en el City Ground, con esa grada abarrotada de gente en Bridgford End. «No creo que sus hazañas se puedan repetir alguna vez porque, básicamente, Brian Clough cogió al Forest en el puesto decimotercero de la Segunda División y en cinco años lo llevó a ganar dos Copas de Europa, el Campeonato de Liga, una Supercopa europea y a jugar tres finales de la League Football Cup de las que ganaron dos. Estuvieron 42 partidos consecutivos invictos en la máxima división, lo que fue un récord durante 25 años hasta que el Arsenal de Arsène Wenger, el equipo de Los Invencibles, estuvo invicto durante toda la temporada y se llevó el récord», añade. Y sentencia: «Hasta la llegada de Clough, el Forest era un club que únicamente había ganado la FA Cup en 1898 y 1959, que simplemente estaba a la deriva, no un gran club, no un lugar emocionante en el que jugar al fútbol. Le dijeron que no aceptara el trabajo. Y no solo eso, sino que hay que dar también mérito al hecho de que armó un equipo que ganó dos Copas de Europa de forma consecutiva con jugadores de la cantera y futbolistas de una plantilla a la que llevó hasta el extremo para, básicamente, convertirles en campeones de Europa, lo cual es algo que simplemente no volverá a suceder».

De hecho, ese Nottingham Forest de Brian Clough acumuló los primeros 26 encuentros de su récord de 42 partidos de imbatibilidad en la Primera División inglesa en el curso 1977-1978, en el que se proclamó campeón de la competición (y también de la League Football Cup), pese a ser un recién ascendido desde Segunda. Un año más tarde, el Forest acabó subcampeón en la Primera División inglesa tras el Liverpool FC, pero sumó una nueva League Football Cup, además de la FA Charity Shield y su primera Copa de Europa, tras vencer el 30 de mayo de 1979 en el Olympiastadion de Múnich al Malmö FF sueco con un solitario tanto de Trevor Francis. Ya en el curso 1979-1980, el conjunto inglés cerró su gesta irrepetible con el título de la Supercopa Europea contra el FC Barcelona y con su segundo entorchado consecutivo de la Copa de Europa, después de derrotar el 28 de mayo en el Santiago Bernabéu al Hamburger SV alemán con un tanto de John Robertson y, de paso, alcanzar otros dos hitos prácticamente también inigualables: ser el único equipo que ha pasado de segunda división a bicampeón europeo en apenas tres años (de 1977 a 1980) y ser el único conjunto que cuenta con más Copas de Europa (dos) que títulos de liga de su propio país (uno). «El Forest tuvo que superar al Liverpool, que era el rey de Europa, el equipo más fuerte de Europa en los años setenta, una especie de máquina roja, y el Forest tuvo que desplazarlo para convertirse en los campeones de Inglaterra y dos veces de Europa. Ese equipo del Liverpool era épico, estaba en su mejor momento», apunta de nuevo Taylor para remarcar, más si cabe, la importancia de la gesta de aquel equipo de Brian Clough.

«Solían encontrarme en la parte delantera de Trent End, mirando a través de pequeños cuadrados de la valla de metal. Había una pequeña jaula a la izquierda de la portería reservada para los niños y ahí es donde empezó todo. Entrabas por el torniquete, girabas a la izquierda, subías el último tramo de escalones y salías a la cima del Trent End. Luego tenías que abrirte camino entre la multitud hacia la parte de delante. Como la mayoría de la gente, me sentí como en casa cuando estaba en la parte delantera, absolutamente cómodo y totalmente absorto en el juego, los sonidos y las vistas a mi alrededor. Era un niño tranquilo y me encantaba poder estar de pie y ver este extraordinario equipo de fútbol, dirigido por un hombre extraordinario», narra, por su parte, Dave Marples, que presenció su primer partido en el City Ground en 1982 y es autor de The History Boys: Thirty Iconic Goals in the History of Nottingham Forest, un libro sobre los jugadores y los goles que han marcado la trayectoria del conjunto inglés. Y prosigue: «Cuanto más nos alejamos de ese período, más extraordinario parece».

No en vano, en la actualidad no se puede hablar de la época exitosa del Forest sin desligarla de su realidad en las últimas décadas: el conjunto de Nottingham ascendió por fin en la temporada 2021-2022 a la Premier League, categoría en la que no militaba desde hace más de veinte años, desde la temporada 1998-1999. «El Nottingham Forest me ha marcado, dejado cicatrices y etiquetado durante muchísimo tiempo. Parece haber una aceptación ahora de que somos un club de segunda división, lo que hace que nuestro éxito entre 1975 y 1980 sea aún más destacable», analiza Marples. Y añade: «Aceptar nuestro destino ha sido un proceso gradual. Como la banda James cantó en Sit Down: “Si no hubiera visto tantas riquezas, podría vivir siendo pobre”. En verdad, hace mucho tiempo acepté que es posible que no vuelva a ver tantas riquezas».

«Tuve mucha suerte de haber crecido en la era de Brian Clough», reconoce también Taylor. «Desde que Clough se fue casi todo ha sido bastante miserable porque con él básicamente fuimos tocados por la grandeza, viajamos a todas partes y tuvimos rivalidades en todas partes. Fueron los tiempos brillantes, hace mucho tiempo que no salimos del fracaso», profundiza. Y cierra: «Clough fue mi héroe y todavía lo sigue siendo para la mayoría de nosotros, pero es una pena que siempre tengamos que hablar del pasado porque el presente está muy estancado».

«Es difícil hablar sobre Brian Clough y lo que significó, todavía significa, para nosotros sin sonar como alguien en las garras de una secta maníaca», mantiene de nuevo Marples. Y finaliza: «Definió mucho sobre qué es el club y qué queremos que sea. A menudo se nos acusa de vivir en el pasado, una acusación que se sostiene, pero cuando el pasado es tan bueno, ¿por qué no?».

Liam O’Kane, uno de los lugartenientes de Brian Clough en el cuerpo técnico de aquel Nottingham Forest, tiene clara su respuesta a esa pregunta, tal y como reconoció en una entrevista de Phil Juggins en el número cinco de Bandy&Shinty, el fanzine sobre el equipo inglés que editaban sus aficionados, entre ellos, el propio Marples: «Los días europeos no reciben el crédito que merecen. Quiero decir, cuando la gente hablaba del Leicester… Tranquilos, ¿eh? No me malinterpretes, fue un logro fantástico. Ganar la liga, en estos tiempos. Pero ¿compararlos con nosotros? Venga ya. Lo hicimos y lo volvimos a hacer. En casa y en el extranjero, y también en formato eliminatorio. Siendo probablemente el mejor equipo del mundo de inmediato, a dos partidos, en nuestra primera eliminatoria en Europa. Entonces no había margen de maniobra, no había margen de error…, y la gente se olvida de que en 1979 terminamos segundos [en la competición liguera]. Casi lo volvimos a hacer. Ellos necesitan pensar en eso antes de empezar a gritar las probabilidades. Lo que hicimos nunca se volverá a hacer. Nunca».

El caluroso verano en el que los niños jugaban en la calle de madrugada

Por su parte, a yottametros de distancia de la élite del fútbol europeo en la que estaba instalado el Nottingham Forest, el verano del año 1980 en el Club Deportivo Guadalajara estuvo marcado por tres acontecimientos: su regreso a la Tercera División, la marcha de la presidencia de Juan José Laso y la celebración de un, como el propio club alcarreño definió varios años después en un programa de mano y el paso del tiempo se ha encargado de confirmar, Trofeo Alcarria «histórico con la doble participación extranjera que sentó un precedente difícil de igualar por la organización».

Por un lado, el ascenso del Deportivo Guadalajara a Tercera División no fue por méritos deportivos, sino administrativos: el conjunto alcarreño acabó la temporada 1979-1980 cuarto en su cuadrante de Regional Preferente y volvió a categorías nacionales debido a la remodelación de la Tercera División, que pasó de ocho a trece grupos.

Mientras, Juan José Laso confirmó definitivamente la intención que había mostrado durante los años anteriores de no presentarse a la reelección tras doce años en el cargo y el Dépor volvió a entrar, una vez más, en la incertidumbre institucional: el 3 de junio de 1980, el club deportivista celebró una Asamblea General Extraordinaria a la que solamente acudió el 15% de sus socios para elegir un nuevo presidente después de haber agotado dos plazos de candidaturas a las que nadie se había presentado, al tiempo que la directiva alcarreña pidió por enésima vez una aportación monetaria a sus socios, en este caso, por importe de 2.000 pesetas (12 euros) cada uno. Finalmente, salió elegido Alberto Cubillo como «presidente accidental del club, por un período de un año, en aplicación de lo dispuesto en el artículo 123 del Reglamento de la Real Federación Española de Fútbol», relevando al propio Laso a partir del 1 de julio de ese mismo año.

Precisamente, fue en esa Asamblea General Extraordinaria cuando se anunció por primera vez la presencia del Nottingham Forest en la sexta edición del Trofeo Alcarria después de que el citado Alberto Cubillo dijera a los socios morados que el Dépor había recibido un telegrama en el que el campeón de Europa confirmaba su «presencia en Guadalajara en los días 8, 9 y 10 de agosto con el único compromiso por parte deportivista de abonar los gastos de desplazamiento y estancia», y que, por ese motivo, habría que adelantar unos días la celebración del torneo estival en la ribera del río Henares.

Apenas unas semanas después, en otra asamblea del club alcarreño en ese mes de junio, la directiva deportivista insistió en el ofrecimiento que había recibido por parte del Nottingham Forest para participar en el Trofeo Alcarria y añadió el interés que también había mostrado el Queens Park Rangers, el ganador de la edición anterior, por lo que mantuvo que la citada Junta Directiva estaba «sopesando la conveniencia de la participación de uno o dos equipos ingleses» en el torneo guadalajareño. De hecho, en las semanas siguientes, los medios de comunicación de Guadalajara mantuvieron que el Forest y el QPR serían los rivales del conjunto alcarreño en la sexta edición del Trofeo Alcarria e, incluso, el periódico Nueva Alcarria llegó a publicar el calendario de partidos con esos dos conjuntos para un evento que tenía entradas a un precio de 150 pesetas (0,9 euros) para los socios y de 300 pesetas (1,8 euros) para los aficionados en general.

Sin embargo, ya el 2 de agosto, apenas cinco días antes del inicio del torneo, también en Nueva Alcarria apareció por fin el cartel definitivo que confirmó la ausencia del Queens Park Rangers en el Trofeo Alcarria y la presencia de otros dos equipos diferentes de la Primera División de Inglaterra, el Tottenham Hotspur y el Nottingham Forest, doble campeón de la Copa de Europa, lo que provocó una oleada de reacciones incrédulas y atónitas en el balompié español. «En el Real Madrid se extrañaban. Juanjo hablaba con Miguel Malmo, que era un directivo del Madrid que llevaba la parte de los jugadores, y se lo decía», recuerda José Luis Sesma.

En cualquier caso, antes de continuar con la narración de los increíbles acontecimientos que sucedieron en ese mes de agosto de 1980 en Guadalajara, merece la pena desviarse un momento y detenerse momentáneamente en la presencia en ese Trofeo Alcarria de los Spurs, ya que el cuadro del norte de Londres se había convertido unos meses antes, en septiembre del año 1979, poco después de la primera visita del QPR a la ciudad guadalajareña, en el segundo equipo inglés en jugar también en Guadalajara, si bien en su caso con motivo de la disputa del Torneo de Ferias de la capital alcarreña. «Puede el Guadalajara con este partido engrosar dinero para sus arcas que buena falta le hace, esperando, naturalmente, que el aficionado y el que no lo es asista masivamente al partido por tratarse de un gran equipo que viene con todo el cuadro completo como lo hizo el Rangers en el partido de la Copa Alcarria y que tan magníficamente se comportó, entregándose a fondo en los dos partidos que disputó», vaticinó Nueva Alcarria en su previa sobre un encuentro, patrocinado por el Ayuntamiento alcarreño, que se disputó el miércoles 26 de septiembre del citado 1979 a partir de las 17: 30 y que terminó con victoria del Tottenham Hotspur por 2-4.

Pese a que el Dépor se adelantó en el marcador, Lee puso el 1-1 en el minuto 21 con un disparo fuerte desde dentro del área, mientras que Beavon, con un lanzamiento desde lejos que dio en la cepa del poste izquierdo de la portería, y Pratt, tras un rechace del guardameta deportivista, ampliaron la ventaja inglesa a 1-3 antes del descanso. Ya en la segunda mitad, la escuadra guadalajareña volvió a reducir la desventaja, pero de nuevo Lee, de cabeza en una falta botada por Pratt en el minuto 82, certificó el 2-4 definitivo. «En líneas generales el partido ha sido bueno y los dos equipos han hecho un gran fútbol, aunque naturalmente el equipo inglés ha demostrado superior calidad técnica y ha ganado merecidamente», escribió el periodista Bernabé Relaño en su crónica en Nueva Alcarria. Y añadió: «Ahora, lo importante, y tras haber conseguido el objetivo que era dar un día grande de fútbol al aficionado de Guadalajara, es que el Deportivo haya cubierto gastos y si pudiera ser que se hubiese ganado una pesetilla, que buena falta le hace a las arcas del Guadalajara».

Francisco Javier de Irízar, alcalde de la ciudad guadalajareña, entregó el trofeo de campeón a un Tottenham Hotspur que acudió a Guadalajara sin sus grandes estrellas Villa y Ardiles, pero con futbolistas de su primera plantilla casi en su totalidad. En concreto, jugaron el portero Mark Kendall (había disputado 23 partidos ligueros en la campaña recién finalizada), Terry Naylor (en la campaña 1978-1979 había jugados 22 encuentros ligueros y ya en noviembre de 1980 ficharía por el Charlton después de diez temporadas y más de 200 partidos jugados con el Tottenham), Gordon Smith (el escocés disputó más de 125 partidos en la Primera División inglesa, entre ellos, 38 con los Spurs), el central Gary O’Reilly, John Lacy (tras siete temporadas en el Fulham, llegó en 1978 mediante un traspaso de 195.000 libras al Tottenham, donde jugó 104 encuentros ligueros, entre ellos, 35 en la campaña 1978-1979), Stuart Beavon (apenas 4 partidos ligueros con los Spurs en las temporadas 1978-1979 y 1979-1980, pero histórico del Reading, donde jugó 396 partidos ligueros), John Pratt (leyenda del conjunto londinense, equipo en el que militó toda su trayectoria, salvo un retiro estadounidense en Portland, y en el que disputó más de 400 partidos, incluidos 38 ligueros en esa campaña 1978-1979 y las finales de la Copa de la UEFA de las temporadas 1971-1972 y 1973-1974), Mark Falco (elegido en 2009 como uno de los 50 mejores jugadores del Tottenham de toda la historia y el último canterano spur en anotar 20 goles en liga en una temporada hasta la irrupción de Harry Kane, debutó con el primer equipo de los londinenses en liga en ese curso 1978-1979 y disputó también nueve partidos ligueros más en la campaña 1979-1980), Giorgio Mazzon, Grayling y Colin Lee (27 partidos ligueros en el curso 1978-1979 y 10 más en la campaña 1979-1980 con los Spurs, si bien su trayectoria estuvo marcada por el Chelsea, equipo en el que militó durante siete años y en el que disputó más de 180 partidos).

Por su parte, regresando de nuevo a la narración de los hechos extraordinarios de la edición del Trofeo Alcarria del año 1980, la prensa también se hizo eco de esas reacciones desconfiadas que se habían mostrado en el fútbol español. En su edición del 6 de agosto de 1980, en Flores y Abejas se habló de «los recelos que la visita de dos equipos ingleses de la categoría del Nottingham Forest y el Tottenham Hotspur ha levantado en algunas jerarquías del fútbol español, del escepticismo de los que piensan que esto es un farol y se trata de dos equipos de Vallecas». «De toda la nación llueven las llamadas para preguntar si es cierto que en Guadalajara se va a montar ese campeonato con los dos fenomenales equipos ingleses. Nadie se explica cómo el Deportivo Guadalajara, un equipo modesto, pudiera contratar a estos dos líderes de la liga inglesa y de la Copa de Europa, en donde el Nottingham es el actual campeón de equipos campeones de liga», confirmó también Nueva Alcarria.

Mientras, el adjetivo utilizado en el titular de la noticia aparecida en la página nueve de la edición del 7 de agosto de 1980 del periódico Mundo Deportivo fue igual de contundente: «El increíble Trofeo de la Alcarria», señaló el medio barcelonés. Ya en el interior, en la noticia publicada se consideró que la presencia de dos equipos ingleses en un torneo de un recién ascendido desde categoría regional era un acontecimiento «de lo más escalofriante» y se añadió que «cualquier aficionado, tal y como está el fútbol, pensaría que algún presidente se ha vuelto loco y ha decidido tirar el club por la ventana», pero que el Deportivo Guadalajara tenía un presupuesto anual de 7,5 millones de pesetas (45.075 euros) y que organizar el torneo le costaba alrededor de 1,5 millones de pesetas (9.015 euros), «que en parte están ya sufragados por ingresos de publicidad». «El truco está en que tanto Nottingham como Tottenham acuden a Guadalajara sin compromiso alguno de traer al equipo titular», aclaró, mientras explicó que «los dos equipos ingleses vienen solo con quince jugadores y con todos los gastos pagados» y «en el mismo vuelo» para jugar un Trofeo Alcarria cuya «fecha del torneo se ha ajustado a las preferencias de ambos clubes, ya que el 16 de este mes comienza el campeonato en su país». «El truco, sobre todo, está en que el Guadalajara ha contado durante doce años con un presidente, José Laso, que no ocupa ya el cargo por no haberse presentado a la reelección, que cuenta con magníficas amistades en Inglaterra, lo que permite contratar a equipos ingleses a precios irrisorios», explicó. Y culminó: «El torneo no deja de tener su gracia».

Ese mismo día, el 7 de agosto de 1980, el Trofeo Alcarria también tuvo su espacio en El País: «Dos prestigiosos clubes ingleses, el Nottingham Forest y el Tottenham Hostpur, jugarán esta semana en Guadalajara, en el trofeo triangular de La Alcarria, cuyo cartel completa el propio Guadalajara, recién ascendido a Tercera División. Ambos equipos vienen sin sus mejores figuras. El Nottingham ha ganado las dos últimas ediciones de la Copa de Europa. El programa del torneo es este: hoy, jueves, Nottingham-Guadalajara; el viernes, Tottenham-Guadalajara, y el sábado, Nottingham-Tottenham. Los tres partidos comenzarán a las nueve de la noche. Los precios están entre las trescientas y las ochocientas pesetas. El Guadalajara, por extraño que pueda parecer, mantiene buenas relaciones con varios clubes ingleses, y ya el año pasado invitó a disputar partidos amistosos al Queen’s Park Rangers [sic] y al Tottenham, y para el torneo de este año repite el Tottenham, y además viene el bicampeón europeo Nottingham Forest. Ambos equipos vienen por muy poco dinero (“solo por amistad”, manifestó a EL PAÍS un portavoz del Guadalajara) y, sin sus mejores hombres. En el Nottingham no estarán Shilton, Anderson, Burns, Birtles, Francis, Robertson y demás figuras, y el Tottenham tampoco trae a los argentinos Villa y Ardiles, campeones del mundo en 1978. Pese a estas ausencias, en Guadalajara existe interés por el torneo», narró la noticia sobre una edición del Trofeo Alcarria que también contó, entre otros medios, con reseñas, antes o después de su celebración, en nuestro diario As y en ABC.

Mientras, los medios de Guadalajara se centraron durante unos días en el cambio del trofeo al ganador, ya que, como apuntó Flores y Abejas en su edición del 6 de agosto de 1980, «por causas no imputables a la dirección del Banco Comercial Español ni al Deportivo Guadalajara, este año no se puede contar con el que ya se había hecho clásico de anteriores ediciones, aunque el correspondiente al vencedor conserva la misma línea y no desmerece de anteriores trofeos». «El nuevo trofeo consiste en una magnífica peana, con cuatro columnas, entre las cuales se posa una abeja y en cada una de las columnas un jugador de fútbol, dando escolta a un tarro de miel en bronce, actuando de tapadera de esta jarra un balón de fútbol», describió el nuevo trofeo el periódico Nueva Alcarria el 9 de agosto de 1980 en una noticia en la que Alberto Cubillo, el recién elegido presidente del Deportivo Guadalajara, destacó la «gran entidad» que había adquirido el Trofeo Alcarria en apenas seis años y alabó «las gestiones de Juan José Laso», ya que sin ellas «no se hubiese conseguido en Guadalajara la presencia de estos dos grandes equipos de la Primera División inglesa».

«El Trofeo Alcarria, por todo lo alto», puso como antetítulo, por su parte, Flores y Abejas en su previa. Y en su subtítulo destacó: «Y el viernes, el Tottenham Hotspur, con Villa y Ardiles». Ya en el texto, el medio guadalajareño consideró el Trofeo Alcarria «un torneo totalmente humilde en sus primeras ediciones, pero que poco a poco va subiendo en calidad y prestigio». «De un lado el Nottingham Forest, que allá por el mes de mayo se coronara bicampeón de la Copa de Europa en el Santiago Bernabéu, y que cuenta en sus filas con jugadores internacionales y superconocidos, caso de Shilton, Anderson, Birtles, Robertson y Trevor Francis», anunció. «Por otro lado, el Tottenham Hotspur, vencedor del Trofeo de Ferias de la capital alcarreña y que tan buen sabor de boca dejara. Es, no hace falta recordarlo, uno de los equipos punteros del fútbol británico y juegan en sus filas los mundialistas argentinos Ardiles y Villa», prosiguió. Y sentenció: «Ni que decir tiene que la expectación es máxima a orillas del Henares y que el lleno en los tres encuentros está asegurado».

De tal modo, el miércoles 6 de agosto de 1980 a las 16: 45, y con un retraso de media hora según el horario previsto, el vuelo que trajo desde Inglaterra a las expediciones del Nottingham Forest y del Tottenham Hotspur aterrizó en el aeropuerto Madrid-Barajas, donde fueron recibidos por la directiva del CD Guadalajara y se montaron en el autocar que les trasladó hasta el hotel Pax, ya en Guadalajara, y en el que sufrieron por primera vez los contratiempos del sofocante calor del verano castellano: según cuentan las crónicas locales, varios miembros de la expedición británica «llegaron a quitarse la camisa durante el trayecto».

No en vano, tras aparecer a las 18: 10 en el citado hotel Pax e instalarse brevemente en sus habitaciones, los jugadores ingleses desfilaron sin demora hacia la ahora extinta piscina del complejo hotelero guadalajareño «para refrescarse y tomar ese sol tan añorado por los anglosajones». Allí, además, varios futbolistas de los Spurs respondieron a las preguntas de los periodistas: «La hierba me pareció bastante alta, aunque bien cuidada. En lo que se refiere al ambiente, ni bueno, ni malo. Público normal», afirmó Giorgio Mazzon en referencia al Trofeo de Ferias disputado por el equipo londinense en Guadalajara apenas unos meses antes.

Mientras, su compañero Mark Falco no renunció a hablar del auge en aquellos años del fútbol inglés, cuyos equipos ganaron la Copa de Europa de forma consecutiva desde 1976 a 1982: «Cada año hemos ido aumentando y perfeccionando la intensidad de los entrenamientos», explicó. «El fútbol inglés está bien estructurado, principalmente, porque tiene una gran afición», le secundó Terry Gibson. Y añadió: «Sí, los ingleses jugamos un tanto duro, pero el juego del Tottenham se basa en pases cortos y regates». Por último, Glenn Hoddle, que acababa de ser galardonado con el premio al jugador joven de Inglaterra de la Asociación de Futbolistas Profesionales (PFA) en la temporada 1979-1980, también se refirió al estado del fútbol británico, en concreto, al de su combinado nacional de cara a la siguiente cita mundialista: «No, creo que España no es un rival peligroso para el Mundial de 1982», vaticinó sobre una selección, la española, a la que él mismo había ganado con Inglaterra en la recién terminada Eurocopa de Italia. Aunque cerró: «Sí, me gustaría jugar en España. Sería muy interesante y, personalmente, me gusta el FC Barcelona».

Ya un día después de la llegada de la expedición del Forest y los Spurs, el jueves 7 de agosto de 1980 a las 21 horas en un Pedro Escartín a rebosar, comenzó el sexto Trofeo Alcarria, que regresó al formato triangular de su primera edición en lugar de los anteriores de semifinales y final, con un partido entre el Deportivo Guadalajara y el Nottingham Forest en el que, como destacó Nueva Alcarria, salieron «los alcarreños con la bandera inglesa, los ingleses con la bandera nacional española», lo que provocó una «gran ovación». El conjunto inglés venció por cero goles a tres y el encuentro dejó 604.000 pesetas (3.630 euros) en la taquilla del Club Deportivo Guadalajara, casi 300.000 pesetas (1.803 euros) más de lo que el Dépor recaudó en cualquier partido de liga a lo largo de ese año (364.000 pesetas —2.187 euros—, contra el Aranjuez). Gray, en jugada personal, fue el encargado de abrir el marcador en el minuto 31. Mientras, de nuevo Gray o Parry ampliaron la ventaja inglesa en el minuto 55 al cabecear un centro de Plummer o de Hodge, dependiendo de qué crónica y de qué medio local leyera el aficionado. Ya en el minuto 76, Walsh, al anotar un penalti cometido por derribo de López a Lilley en un rápido contragolpe del Forest, certificó el 0-3 definitivo. «Colin Walsh fue uno de mis jugadores favoritos cuando era niño. Entre 1982 y 1984 fue genial verlo, anotando algunos goles cruciales», apunta, en la actualidad, Dave Marples.

Por su parte, regresando al pasado, de nuevo al verano de 1980, la prensa de Guadalajara destacó, sobre todo, la diferencia de nivel «abismal» entre ambos equipos y la decepción del público alcarreño al comprobar que la alineación inglesa estaba plagada de jóvenes jugadores y que el Forest únicamente, según Flores y Abejas, había acudido al torneo con tres futbolistas internacionales en sus filas, Macleod y los citados con anterioridad Walsh y O’Kane, quien, a pesar de haberse retirado en 1976 debido a las lesiones y formar parte en ese momento del cuerpo técnico de los ingleses, tuvo que saltar un par de días después al campo en el partido definitivo contra el Tottenham por la lesión de Turner en el minuto 75.

Antes de que eso sucediera, del encuentro entre el Dépor y el Forest, en su crónica en Nueva Alcarria, Bernabé Relaño dijo que fue «un partido que desde luego no correspondió a la expectación que había despertado», mientras que en Flores y Abejas consideraron que el público «salió decepcionado por la alineación que presentó el equipo inglés», ya que esperaba «ver en acción al actual campeón europeo». En cualquier caso, el que más texto ocupó en la prensa alcarreña a lo largo de esos días fue el «jovencísimo jugador de color Plummer, el cual, a sus 16 años, demostró gran calidad y ser un peligro constante para las defensas contrarias». «El negrito Plummer ha dado todo un recital de buen juego a lo largo del torneo y ha sido el que ha cosechado las más encendidas ovaciones», añadió, por su parte, el periódico Guadalajara. Diario de la Mañana al término del trofeo sobre un jugador que, como explica Marples, a lo largo de su trayectoria en el Nottingham Forest «no tuvo una racha sostenida en el primer equipo y quizá sea mejor recordado por anotar el gol de la victoria en Leyton Orient en la FA Cup en nuestro camino a las semifinales en 1988».

Al día siguiente de ese encuentro entre el Forest y el Dépor, el viernes 8 de agosto de 1980, Plummer descansó y, a partir también de las 21 horas, fue el Tottenham Hotspur el conjunto que derrotó por la mínima, con gol de Gibson en la segunda mitad, a un Deportivo Guadalajara que «mereció el empate» en un partido en el que, al inicio, «los jugadores ingleses a los niños de las primeras filas del campo les hicieron unos regalos, acto este que fue muy aplaudido», tal y como destacó el periódico Nueva Alcarria.

Finalmente, y a pesar de los méritos deportivistas, fue el otro conjunto inglés el que se jugó contra el Forest el campeonato del sexto Trofeo Alcarria un día después, el sábado 9 de agosto de 1980, como siempre a partir de las 21 horas, en un encuentro en el que el «delegado de la expedición inglesa» recibió una placa por parte del Deportivo Guadalajara y que tuvo la peculiaridad, otra más en ese verano increíble, de que fue arbitrado por Ali Albanay, colegiado de Kuwait, que, según Flores y Abejas, estuvo «muy bien», aunque Nueva Alcarria consideró su actuación «nada más que regular». Walsh, Kendall y, por supuesto, «la figura del partido y del torneo», Plummer, fueron los mejores futbolistas de ese definitivo choque en el que el conjunto de Nottingham se proclamó por primera vez campeón del torneo guadalajareño tras derrotar al cuadro del norte de Londres por dos goles a cero bajo el «calor y la ya clásica invasión de mosquitos que han hecho estragos». El propio Walsh, en el minuto 43, abrió el marcador al anotar un nuevo penalti cometido sobre Plummer. Mientras, en el minuto 72, Lilley, al adelantarse a Aleksic, anotó el segundo tanto del Forest tras un pase en largo desde la defensa de Turner. «El público ha respondido magníficamente», aseveró el periódico Guadalajara. Diario de la Mañana, tras tildar al Tottenham de equipo «carente de ideas y bastante marrullero», sobre un Trofeo Alcarria que terminó con los jugadores ingleses dando la vuelta de honor y quedándose «ante el estupor de los donantes» con «varias botas de vino» que les ofrecieron desde las gradas, ya que creyeron que eran «de regalo».

Anécdotas divertidas aparte, según los medios locales, el sexto Trofeo Alcarria dejó cerca de un millón de pesetas (6.010 euros) para el club deportivista, si bien su presidente, Alberto Cubillo, cifró esos ingresos en «superiores a las 500.000 pesetas» en una asamblea de socios alcarreña celebrada al final de la campaña 1980-1981 (en el capítulo de gastos, en un noticia aparecida en Nueva Alcarria especularon con unos gastos aproximados para el Deportivo Guadalajara de los vuelos de avión de 750.000 pesetas —4.507 euros—, de los del alojamiento en el hotel de 260.000 pesetas —1.562 euros— y de los de arbitraje de 90.000 pesetas —540 euros—).

Fuera el que fuera el importe definitivo ingresado por el club alcarreño, y a pesar de que ninguno de los dos conjuntos ingleses presentara en Guadalajara a sus grandes estrellas, el sexto Trofeo Alcarria fue un éxito rotundo de asistencia y nivel futbolístico, con un equipo recién ascendido a Tercera División enfrentándose, milagrosa y sorpresivamente, a dos conjuntos de la Primera inglesa que pusieron sobre el campo una mezcla de jugadores de sus primeras plantillas, algunos de ellos veteranos y ya consolidados, y las jóvenes promesas más destacadas de su cantera, especialmente en el caso del Nottingham Forest. «Con la categoría de los dos equipos ingleses, mira por dónde y aunque pese a muchos y no precisamente de Guadalajara sino de altas esferas deportivas de Madrid, el Trofeo Alcarria este año ha sido uno de los mejores torneos veraniegos que se celebran en España», cerró su cobertura Nueva Alcarria sobre un torneo al que definió como «todo éxito». «En muy pocos sitios han podido reunir dos equipos de tanta categoría», añadió, al tiempo que destacó que «los dos equipos ingleses se han entregado a fondo y no han venido de veraneo», por lo que «han brindado unos grandes partidos». Y sentenció: «Sus aspiraciones económicas [del Forest] son muy altas y sin embargo la directiva y concretamente el presidente saliente don Juan José Laso, antes de su retirada como presidente del club prácticamente ya lo tenía contratado, y lo que son las cosas, sin cobrar ni una sola peseta, al igual que el Tottenham. Guadalajara ha podido presumir de un gran torneo, de un gran espectáculo deportivo y sin pagar divisas. Esto, de antemano, ya es un éxito rotundo».

En concreto, a lo largo del torneo, por el Tottenham Hotspur, además de Naylor, O’Reilly, Falco, Mazzon y Grayling, que repitieron tras su presencia un año antes en el Torneo de Ferias, jugaron futbolistas como el portero Milija Aleksic (había disputado ocho partidos ese año en la Primera inglesa), Peter Southey (el prometedor lateral que debutó con 17 años en un partido liguero contra el Brighton en esa temporada con el primer equipo spur y que falleció en 1983 con apenas 21 años por una leucemia), Pat Corbett, Jimmy Holmes (tras destacar en el Coventry, las lesiones persiguieron al internacional irlandés en el Tottenham, si bien llegó a disputar 33 partidos ligueros en su mejor temporada con los Spurs, la 1978-1979), Chambers, Ian Crook (histórico del Norwich City, equipo con el que jugó más de 400 encuentros), Terry Gibson o Cooper. Por su parte, Glenn Hoddle, que sería más de un medio centenar de veces internacional con Inglaterra (con presencia en dos Eurocopas y dos Mundiales) y también su seleccionador a finales de los noventa, habló para los medios alcarreños en el hotel Pax, pero no llegó a saltar al terreno de juego en ninguno de los dos encuentros.

Mientras, el Nottingham Forest apostó descaradamente por la juventud de su cantera y actuaron en esos dos partidos Steve Sutton (debutó en la Primera inglesa en octubre de ese 1980 y defendió durante 199 encuentros ligueros la portería del equipo en más de una década), Paul Turner, Woodford, Colin Walsh (debutó en la Primera inglesa en noviembre de ese 1980 y en su trayectoria disputó más de 130 encuentros ligueros con el Forest), Donald Macleod, Colin Smith, el destacado Calvin Plummer (pese no a tener, como dijo Marples, «una racha sostenida» en el primer equipo del Forest, debutó en la Primera inglesa con el Nottingham nada más cumplir los 19 años, en el curso 1981-1982), Stephen Kendall (que debutó en liga con el primer equipo del Forest también en la campaña 1981-1982), Geoff Lilley, Parry, Steve Hodge (tras debutar en la máxima categoría con el Forest en el curso 1981-1982, disputó casi 400 encuentros en la máxima división inglesa, más de dos centenares de ellos con el Forest, y fue dos veces mundialista con Inglaterra), Stuart Gray (casi 150 partidos en la Primera División, de ellos, 14 en la temporada 1980-1981 y 49 en total en su trayectoria con el Forest) y Liam O’Kane (antes de ocupar un puesto en el cuerpo técnico de Brian Clough jugó más de 200 partidos con el Forest, entre ellos, casi un centenar en la Primera inglesa).

Y, además, alguno de esos jóvenes todavía no lo ha olvidado hoy en día, más de cuatro décadas después: «Recuerdo que estaba al rojo vivo. Recuerdo que me quemé los pies después de quedarme dormido al sol debajo de un árbol. Jugábamos tarde en la noche, alrededor de las 22: 00 o las 23: 00 horas, debido al calor. Recuerdo que a Ronnie Fenton le picó una gran abeja en el costado de la nariz. Ganamos ese gran trofeo, solía estar en la vitrina de trofeos, y tenía abejas, cuatro de ellas. Recuerdo caminar de regreso desde el estadio al hotel alrededor de las 2: 00 de la mañana y los niños estaban jugando en la calle porque hacía demasiado calor. Creo que ganamos a los Spurs en la final», hace memoria, desde Nottingham, el exguardameta Steve Sutton, preguntado por Dave Marples, sobre ese caluroso verano en el que los niños jugaban en la calle de madrugada en Guadalajara, la localidad en la que el Forest se enfrentó a un recién ascendido a Tercera en el Pedro Escartín, a apenas 56 kilómetros del Estadio Santiago Bernabéu, el lugar en el que, poco más de dos meses antes, el Forest, ese mismo Nottingham Forest Football Club, se había proclamado campeón de Europa por segunda vez de forma consecutiva.

El inglés al que le gustaba tomar el sol

«Yo estuve con mi padre en la final de la Copa de Europa del Bernabéu, no sé si invitado por el Nottingham Forest o por el Real Madrid, ya que mi padre también tenía muy buenas relaciones con el Real Madrid», apunta Laso hijo. «Mi padre siempre puso a su negocio y a su familia por debajo del fútbol», añade. Y cierra: «Mi padre en el fútbol conocía a todo el mundo, en España y en todos lados, se movía muy bien».

De hecho, concretamente, el caso de que un equipo que militaba entre la Regional Preferente y la Tercera españolas llevara a su torneo amistoso de verano en Guadalajara a tres conjuntos de la Primera División de Inglaterra, entre ellos, al por entonces actual doble campeón de la Copa de Europa, se debió exclusiva y sencillamente a eso, a conocer a todo el mundo, a tejer una buena red de contactos. En otras palabras, a una cuestión de amistad.

«Un equipo como el Guadalajara tampoco tenía los recursos para hacer un Trofeo Alcarria y gastarse una millonada», recuerda Laso hijo. «Esos Trofeos Alcarria se hicieron más por relaciones y por amistad que por temas económicos», le apoya Eduardo Carlavilla. Y su padre, Uchi, añade: «Laso los trajo por amistad, venían gratis». «Venían aquí por amistad y porque se les pagaba la estancia en el hotel Pax, un buen hotel, y era una preparación para ellos», confirma José Luis Sesma.

Para entenderlo, una vez más hay que centrarse en la omnipresente figura de Juan José Laso, esta vez más allá del fútbol, en su trayectoria en la empresa privada. «Laso trabajaba en Worthington, una empresa de bombas de riego y para cosas de centrales nucleares. Era el director comercial. Estaba en Madrid enfrente de donde trabajaba yo en aquella época, en el Banco Continental, en la calle José Antonio, ahora Gran Vía, número 3», narra Sesma. «En Worthington estuvo hasta el año 1975 o así. Se fue sin indemnización, de un día para otro», prosigue Laso hijo. Fue entonces cuando Juan José Laso Rhodes, su padre, creó, junto con otros socios, FLAG SA, una empresa dedicada a la construcción de juntas de expansión para tuberías y comprensores, especialmente también para refinerías y centrales térmicas y nucleares, que, como el propio Laso mantuvo en un perfil en Nueva Alcarria, tenía «198 obreros» en el año 1986. «Cuando montó FLAG iba más a Inglaterra y también a Estados Unidos», prosigue su hijo. Aunque añade: «Mi padre iba a Inglaterra, pero tampoco iba mucho. O eso pensaba yo».

Exacto, eso pensaba él, víctima de la inocencia de la infancia: en realidad, su padre, como él mismo apuntó una vez en Nueva Alcarria, era un gran viajero que había estado en toda Europa y gran parte de África. A Inglaterra, de hecho, viajaba con bastante frecuencia. «En Inglaterra conoció a mucha gente que eran directivos de equipos ingleses», explica Uchi Carlavilla. «Juanjo estaba preparado, sabía inglés, tenía mucho contacto con Inglaterra y conocía el mundo del fútbol. Como era un obsesionado del fútbol tenía contactos a través de la empresa», le apoya Sesma. Y completa: «Juanjo iba a Londres con la empresa y allí conoció a gente que estaba metida en el mundo del fútbol».

En uno de esos recurrentes viajes a Londres, Juan José Laso conoció, sobre todo, a una persona en concreto, al otro protagonista principal de esta historia del fútbol del pasado: Peter Smith. «Con Peter Smith mi padre tenía mucha amistad», asiente el hijo de Laso. Y añade: «La persona clave era Peter Smith, que es el que trajo a los equipos ingleses a Guadalajara. Él vino más veces a mi casa, aparte de en los Trofeos Alcarria».

No en vano, el citado Peter Smith tenía dos trabajos que se complementaron perfectamente para que el Queens Park Rangers, el Tottenham Hotspur y el Nottingham Forest terminaran jugando en el Trofeo Alcarria. Por un lado, Smith trabajaba en una agencia de viajes, lugar en el que surgió la amistad con Juan José Laso que fue cimentándose poco a poco con charlas en persona en los viajes del expresidente deportivista a Inglaterra y, especialmente, con llamadas telefónicas desde Cabanillas del Campo a Londres. Por otro lado, el inglés también era delegado de la Football Association (si bien, a día de hoy y a petición nuestra, la propia Federación de Fútbol de Inglaterra no ha podido encontrar «ninguna información al respecto»), lo que le permitió tener una relación directa con los clubes de su país que jugaron finalmente en Guadalajara.

«Peter Smith estaba todo el día en la piscina de la casa de Juanjo en Cabanillas tomando el sol, desde que se levantaba por la mañana se ponía su crema y ahí estaba», relata Sesma, volviendo a aquellos años del Trofeo Alcarria. Normalmente, además, comiendo conejo y bebiendo gazpacho. «A todos los ingleses les encantaba comer gazpacho, conejo y melón. Les volvía locos el melón», asiente Laso hijo, que era una adolescente de apenas 15 años en aquella época. Y prosigue: «Peter Smith se quedaba en mi casa a dormir».

No en vano, las semanas de Trofeo Alcarria eran una verdadera locura para el por entonces presidente del Deportivo Guadalajara y su familia. «Juanjo era el que atendía todo a los ingleses», apunta Uchi Carlavilla. Laso hijo, de hecho, lo sabe bien: «Era una semana de auténtico estrés porque mi padre no pisaba la casa, mi madre hacía comidas un día para veinte, otro día para tres y otro día para quince», explica. Y continúa: «Recuerdo haber ido al aeropuerto de Barajas a recoger a los jugadores con el autobús y también a recogerles al hotel Pax». «Lo que más recuerdo son las comidas en Cabanillas, teníamos una casa grande y ahí, en el jardín, las semanas del Trofeo Alcarria desfilaba todo el mundo», completa.

«En mi casa estuvo también el vicepresidente del Nottingham Forest [Jimmy Pell], un tipo muy grueso, muy divertido», continúa Laso hijo. «Yo creo que a Guadalajara los ingleses venían como si fueran unas vacaciones, por lo menos los directivos. Se lo pasaban a todo tren», arguye. Y cierra, poniendo el foco sobre las recordadas juergas de los miembros de las expediciones inglesas por tierras alcarreñas: «Venía más gente con ellos, venía mucha gente. Comían muchas veces en casa, cenaban fuera, iban de fiesta, venían una semana. Disfrutaban en Guadalajara».

Esa diversión era el contrapunto necesario para la celebración de unas ediciones del Trofeo Alcarria que, como apunta el propio Laso hijo, «son historia del Dépor», también incluso historia del fútbol mundial. «Era el no va más, un acontecimiento tremendo en Guadalajara», le apoya Sesma. Y continúa: «Todo el mundo quería ir al fútbol. Entonces la gente no salía de vacaciones como sale ahora. Organizar un torneo en el mes de agosto era complicado, pero todavía así venía muchísima gente».

«Los partidos eran una expectación. Estaban llenos de gente y el club sacaba dinero. En el último que vino el Nottingham Forest sacaron un millón de pesetas limpio, que en aquella época era una cantidad de dinero importante», concluye Laso hijo sobre el séptimo Trofeo Alcarria del año 1981, la última edición con conjuntos ingleses de un torneo que, visto desde una perspectiva actual, suena a ficción, a una historia imaginada, inventada. «Es completamente imposible que ahora un club de Regional o de Tercera División pueda traer para jugar un torneo amistoso al campeón de Europa», concuerda Eduardo Carlavilla. «Es imposible que ahora a Guadalajara vengan el Manchester United o el PSG», insiste Sesma. Y sentencia: «No, no, hoy en día un Trofeo Alcarria así no se puede hacer».

La camiseta que Maradona intercambió

El 22 de junio de 1986, en el Estadio Azteca, Diego Armando Maradona se subió a un barrilete cósmico para anotar el gol del siglo xx después de haber alcanzado la mano de Dios. Steve Hodge lo vio de cerca. Primero, en el minuto 51, el futbolista inglés fue el encargado con su pierna izquierda de ceder hacia su portero Peter Shilton el balón que, entre el punto de penalti y el área pequeña, el astro argentino alojó en la red tras tocarlo con su puño izquierdo ante la salida del guardameta de Inglaterra. Después, solamente cuatro minutos más tarde, el propio Hodge presenció a apenas un par de metros el inicio de la carrera de casi 55 metros de distancia y 10 segundos de duración en la que Maradona, tras recibir un pase en su propio campo de su compañero Héctor Enrique, regateó a los ingleses Peter Beardsley, Peter Reid, Terry Butcher, Terry Fenwich y de nuevo el portero Peter Shilton para certificar su histórico doblete. Al término de ese partido, que por motivos contrarios supuso, paradójicamente, el pináculo de las carreras de ambos futbolistas, Maradona y Hodge intercambiaron sus camisetas. «La camiseta de Maradona tiene un profundo significado cultural para el mundo del fútbol», mantiene en la actualidad en Associated Press el propio Hodge, que en el 2010 tituló su biografía The Man With Maradona’s Shirt y que en este 2022 ha vendido en una puja en Sotheby’s la citada camiseta por 7.142.500 libras (8.463.862 euros) tras 35 años teniéndola en su poder. Y recuerda: «Fue un privilegio absoluto haber jugado contra uno de los mejores y más magníficos jugadores de fútbol de todos los tiempos».

En cambio, Hodge sí que se ha olvidado de su paso por Guadalajara: «Hemos estado hablando con Steve y él dice que no recuerda mucho sobre esos partidos en España y que no te será de ayuda», confirman desde la sección de Deportes de la BBC Nottingham a petición de uno de los cuatro futbolistas del Nottingham Forest, junto con Stephen Kendall, Colin Smith y Calvin Plummer, que disputó las dos ediciones del Trofeo Alcarria ganadas por el conjunto inglés.

En el verano de 1981, el del segundo de esos torneos, el Deportivo Guadalajara había terminado decimoquinto de su grupo de Tercera antes de empezar otro curso liguero en el que quedaría vigésimo y regresaría de nuevo al fútbol regional. Sin embargo, en el período estival aquel descenso todavía estaba lejos y la séptima edición del Trofeo Alcarria marcaba la actualidad informativa del club deportivista. En una asamblea celebrada a finales de junio, desde la directiva morada avisaron de que «todavía no se puede revelar nada» y que había gestiones, «pero no hay nada consolidado». Pese a ello, el 8 de julio, Flores y Abejas dejó caer una bomba en su titular: «El Manchester United vendrá al Trofeo Alcarria», anunció. Y prosiguió en el texto: «Aunque todavía no se ha confirmado oficialmente, el Manchester United tiene grandes posibilidades de ser el equipo extranjero participante en el Trofeo Alcarria».


Al final, el propio Flores y Abejas confirmó, justo una semana después, que definitivamente en el Trofeo Alcarria estarían «Nottingham, Alcalá y Guadalajara» del 7 al 9 de agosto. «Tres eran los conjuntos ingleses de primera división que, de la mano de Juan José Laso, figuraban en cartel con posibilidades de participar en el Trofeo Alcarria. Manchester United, Nottingham Forest y Arsenal, a los que habría que añadir un cuarto conjunto que milita en segunda división, el Chelsea, que había mostrado su deseo de venir a España. Tras la negativa del míster del primero de ellos, será el Nottingham Forest, campeón de la pasada edición del Trofeo Alcarria, el que de nuevo acuda este año dispuesto a repetir el título», explicó el medio alcarreño en el texto. Un día después, en una noticia aparecida en el diario Marca, el Deportivo Guadalajara ratificó también ese cartel: «Lo jugaremos Nottingham Forest, Alcalá y nosotros», secundaron desde la directiva morada.

Ya el 7 de agosto de 1981, el Nottingham Forest y la RSD Alcalá inauguraron el torneo después de que los conjuntos saltaran al campo por segundo año consecutivo, según Nueva Alcarria, «portando las banderas de los dos países, acto este que fue acogido con una gran ovación». Ganó el conjunto inglés por dos tantos a cero en una jornada en la que, según la crónica de Flores y Abejas, había una «gran expectación para ver este partido inaugural del Trofeo, registrándose en el Pedro Escartín una de las mejores entradas de todos los tiempos, que dejó en las arcas del Deportivo cerca de 700.000 pesetas». Sánchez Molina, árbitro de la Primera española, dirigió el partido, mientras que Coude, al enviar al fondo de las mallas un centro desde la derecha «del morenito Plummer» al inicio de la segunda mitad, y Chemari, con un gol en propia puerta en el minuto 81 tras una mala cesión a su portero Fernández, fueron los goleadores.

Al día siguiente, la RSD Alcalá, que según los medios locales demostró ser el mejor equipo de los tres, derrotó sin problemas al Dépor (1-3), por lo que el último encuentro entre ingleses y alcarreños, disputado el domingo 9 de agosto, quedó algo deslucido al estar el torneo prácticamente sentenciado por la amplia diferencia de nivel entre ambos conjuntos. De hecho, el Nottingham Forest venció sin problemas al Deportivo Guadalajara (0-2, goles de Hodge de cabeza en un córner y de Wigley al superar al portero alcarreño en su salida) con, tal y como se pudo leer en el programa de mano editado por el propio club alcarreño en la edición del decimoquinto aniversario del Trofeo Alcarria en el año 1989, «una actuación memorable del negrito Plummer, que desbordó en todo momento a la defensa alcarreña» en un encuentro tras el que los jugadores ingleses, según Nueva Alcarria, «dieron la vuelta al campo saludando a los espectadores que les brindaron una gran ovación» para dar por finalizado un torneo con «masiva» asistencia de público. Por cierto, en el citado programa de mano del XV aniversario, y como curiosidad, el club alcarreño definió el Trofeo Alcarria como «histórico, prestigioso y, si me apuran ustedes, hasta nostálgico».

Volviendo de nuevo al verano de 1981, en su edición del 12 de agosto, Flores y Abejas mantuvo que era de esperar que los beneficios del Trofeo Alcarria, patrocinado en esa edición por la Caja de Ahorros Provincial de Guadalajara, «se aproximen al millón de pesetas, superando los de la anterior edición» (en su presupuesto para la temporada 1981-1982, el CD Guadalajara cifró exactamente los ingresos del curso 1980-1981 en el Trofeo Alcarria y en amistosos en 1.585.656 pesetas —9.529 euros—). Por su parte, de nuevo Flores y Abejas consideró que lo peor fue «el trofeo, demasiado ostentoso y lejos de la sencillez y elegancia del primitivo Trofeo Alcarria», y que en lo mejor había que destacar «el buen hacer del morenito Plummer en el partido frente al Deportivo». «Lo excelente hay que adjudicárselo a Juanjo Laso, sin cuyo buen hacer no sería posible contar con equipos ingleses, y al representante de la Federación Inglesa, Peter Smith, artífice, junto con Juanjo Laso, de esta participación de equipos ingleses en el Trofeo Alcarria».

Precisamente, los medios locales recogieron también declaraciones del propio Peter Smith, «delegado de la Federación Inglesa de Fútbol bien conocido en nuestro mundillo futbolístico por haber sido él el que ha acompañado a todos los equipos ingleses que han jugado en el Pedro Escartín» y que «habla perfectamente castellano»: «Muy satisfecho de estar aquí; mire, tengo un montón de amigos; todos son facilidades para nosotros y atenciones que no hemos visto en otros lugares. Yo quiero a España, a los españoles y, en especial, al pueblo alcarreño; son ya cuatro ocasiones las que he venido y estoy deseando volver otra vez. Los mismos jugadores, que es la segunda vez que han venido, están encantados; el terreno de juego es estupendo. De verdad, si ustedes lo desean, el próximo año volveremos», vaticinó el directivo inglés.

Por su parte, Jimmy Pell, vicepresidente del Nottingham Forest que antes del inicio del último partido había hecho entrega al Dépor de un trofeo para el jugador juvenil más destacado de esa temporada que estaba a punto de empezar, se manifestó en los mismos términos con la ayuda de un intérprete en las instalaciones del hotel Pax, el alojamiento de los ingleses: «Si quieren ustedes volveremos el próximo año», adelantó. Y, tras ser preguntado por si era bajar de categoría enfrentarse a un Segunda B y a un Tercera, continuó: «En absoluto; los equipos a los que nos hemos enfrentado son buenos, muy buenos». «Lo importante es relacionarse a niveles internacionales, sobre todo por los chavales, que les hace una gran ilusión. El año que viene volveríamos encantados. No somos un equipo rival; se juega entre amigos y, a nivel de directivas, las relaciones no pueden ser mejores. Hemos tenido mucha suerte en haber conocido esta ciudad», finalizó.

Mientras, Emilio Moratilla, el nuevo presidente del Deportivo Guadalajara tras la salida de Alberto Cubillo, calificó el torneo como «un éxito en lo deportivo y en lo económico». «Efectivamente, las taquillas han sido buenas. Aparte han colaborado algunas entidades locales y el comercio en general, pero el torneo sale caro. Mira, el Nottingham ha costado 750.000 pesetas, el Alcalá 350.000 pesetas; hombre, beneficios sí que ha habido, no me preguntes cuánto, porque no lo sabemos; pero aparte de la cuestión monetaria, lo importante es que ha presenciado un torneo muy bonito», analizó.

A lo largo de todo el torneo, por el Nottingham Forest jugaron, además de los repetidores Kendall, Colin Smith, Plummer y Hodge, Lee Smelt (que había disputado un partido de liga en esa última temporada 1980-1981), Nigel Thrower, Neil Thompson, Chris Fairclough (que, tras disputar su primer partido oficial con el primer equipo en la Football League Cup en diciembre de ese año 1981, jugó más de 350 partidos en la Primera inglesa, entre ellos, más de 100 con el Forest), James McKechnie, Coude, Steve Wigley (que debutó en la Primera inglesa en octubre de 1982 y jugó más de 80 partidos ligueros con el primer equipo del Forest), Neil Redfearn (figura central del Barnsley en la mejor época de su historia en la Premier League) y David Campbell (el norirlandés, que después estaría presente con su selección en el Mundial de México 1986, había llegado a la cantera del Nottingham en el mes de junio de ese 1981 y, tras debutar en el curso 1984-1985, jugó 41 partidos con el primer equipo del Forest). Todos ellos, al igual que los jugadores del año anterior, y como mantiene Steve Sutton, eran «aprendices al mismo tiempo»: «Steve Kendall jugó mucho tiempo en Chesterfield. Paul Turner estaba en la academia aquí [en el Forest]; debería haber hecho mucho más; era un buen jugador. Estos jugadores son con los que pasé por el club, todos éramos aprendices al mismo tiempo. Colin Smith estuvo en el banquillo varias veces; se fue a jugar al extranjero en algún lugar, a América. Geoff Lilley era delantero. Colin Walsh, si tuvimos que venderlo o no, no lo sé. Nunca lo sabías. En esos días, los jugadores podían ir y venir a mitad de temporada sin ventana de transferencia. Una mañana: “¿Dónde está Walshy?”. “Él se fue. Se fue a Charlton”. “¿Qué ha ocurrido?”», recuerda. Y añade: «Neil Redfearn estaba en el equipo reserva. Solíamos entrenar río abajo. Frank Clark cogió el equipo de los reservas; él era de la vieja escuela. Solíamos hacer esprints. Neil tenía problemas con eso: “Frank, no puedo respirar”. “¿Qué quieres decir con que no puedes respirar?”. “¡No puedo respirar!”. Era buen chico», recuerda el exportero inglés desde Nottingham.

«¡Geniales fotos! Reconozco a Colin Walsh y Chris Fairclough. Es un equipo muy joven y los entrenadores son Ronnie Fenton y Liam O’Kane. Creo que Steve Hodge está detrás del brazo de Fairclough. Sí, estoy seguro de que es Hodge. Estoy hablando de la foto con la equipación amarilla. La de la equipación roja no es tan fácil, pero Liam O’Kane está ahí con camisa negra. Ah, es Calvin Plummer, no Chris Fairclough, sí. Steve Sutton, portero. Neil Redfearn y Steve Wigley, ambos buenos jugadores. Y sí, ¡Chris Fairclough!», añade, por su parte, Daniel Taylor mientras ve algunas de las fotografías de aquellos jóvenes de Nottingham, en algunos partidos vestidos de rojo y en otros, de amarillo («Puedo decir categóricamente que la amarilla es quizá el mejor uniforme de fútbol de todos los tiempos», apunta Marples), que, dirigidos por Liam O’Kane y Ron Fenton («Ambos fueron asistentes de Clough durante mucho tiempo y lugartenientes de confianza, probablemente haciendo más trabajo con el primer equipo de lo que la mayoría pensó en ese momento», aclara de nuevo Marples), viajaron hace cuarenta años hasta Guadalajara para cumplir con una de las máximas más importantes y sencillas de Brian Clough, uno de los genios más brillantes de la historia del fútbol: hacer amigos.

El genio brillante que quería hacer amigos

«Clough conocía a la gente», mantuvo el citado Liam O’Kane en la entrevista con Phil Juggins en el fanzine Bandy&Shinty. Y profundizó: «Lo que pasaba con Cloughie era que, incluso cuando dejaba a la gente fuera, siempre sabía que los necesitaría de nuevo. En algún momento. Y supongo que mi trabajo consistía en poner mi brazo alrededor de esos muchachos mientras tanto. Los llevaba a un lado y les decía “Mira, tu cabeza tiene que estar bien. Estás fuera esta semana, podrías volver la semana que viene”. Y a menudo era así. Tenías que hacerlo bien y demostrarlo en el entrenamiento. Porque eran el tipo de cosas que Cloughie notaba». «Jugamos muchos partidos. Siempre fuimos buenos en las copas y, por lo general, nos quedamos en ellas durante un buen tiempo. Dos partidos a la semana, escuadra pequeña», sentenció.

No en vano, una de las grandes características de aquel glorioso Nottingham Forest fueron los numerosos amistosos que, al igual que sucedió con el Trofeo Alcarria en Guadalajara, jugaron a lo largo de todo el mundo. «Ir a todo tipo de lugares para jugar torneos y amistosos fue definitivamente una característica de esa época. Clough llevaba a su equipo a jugar un amistoso a mitad de temporada en un abrir y cerrar de ojos, incluso si era antes de un partido de liga o copa», admite Marples. Y razona: «Los viajes al Medio Oriente a menudo se realizaban para traer fondos al club, después de todo se estaba construyendo una enorme grada nueva y era necesario pagarla de alguna manera. Al mismo tiempo, a Clough le gustaba ganar cosas, independientemente de la posición del torneo o trofeo. Se tomaba muy en serio ganar trofeos y también el desarrollo de los jugadores jóvenes, creyendo que si los jugadores jóvenes sabían lo que era ganar lo llevarían al primer equipo».

«Sí, Clough llevaba equipos a todas partes para jugar en estos torneos. Uno pensaría que no se tomaba esos torneos en serio, pero él siempre se los tomaba muy en serio. Incluso en los días de los equipos campeones de la Copa de Europa», secunda Taylor. «Era una cosa clásica del club. Siempre se tomaba las cosas muy en serio y era algo muy agradable», prosigue. Y completa: «Él esperaba que jugaran bien, que se comportaran como si fuera un partido adecuado y siempre hicieran muchos amigos. Los jugadores del Forest nunca discutieron con los árbitros y con los árbitros siempre tuvieron muy buenos estándares. El Forest solía hacer amigos de esa manera».

De hecho, uno de los mejores ejemplos de esta filosofía inculcada por Brian Clough en el Nottingham Forest es la cantidad de partidos testimoniales que disputaron en esos años de éxito. «En Inglaterra tenemos bastantes partidos testimoniales. Si hay un jugador de un club que ha estado jugando, digamos, durante diez o doce años, es premiado. Es algo así como un partido de servicio prolongado y el dinero va al jugador. En estos días lo tienden a donar a la caridad. Pero siempre es una buena oportunidad para reconocer a los jugadores en su lealtad y el Forest siempre estaba jugando estos testimoniales porque Clough estaba feliz de dejarles jugar estos partidos», recuerda Taylor. Y mantiene: «A veces era jugar un partido de la Copa de Europa una semana y en esa semana un partido testimonial frente a una pequeña multitud en algún lugar de un club muy pequeño de Inglaterra». «Esa fue una de las cosas muy extrañas pero brillantes de Clough», concluye.

Los datos, en efecto, demuestran a la perfección esa querencia del Forest por disputar partidos no oficiales en todas partes: en la primera década de Clough como entrenador del equipo de Nottingham, desde enero de 1975 a la conclusión de la temporada 1984-1985, el Forest jugó ¡más de 150 encuentros amistosos!

No en vano, tras disputar tres amistosos en los primeros meses de 1975 con la llegada de Clough al banquillo, el Forest jugó otros 22 encuentros amistosos más entre el verano de 1975 y el final del curso 1976-1977 antes de empezar a viajar por toda Europa en el período estival del año 1977 y acumular testimoniales en Inglaterra a lo largo de las campañas siguientes. De tal modo, en la temporada 1977-1978, el Forest visitó en verano Suiza, Austria y Alemania, mientras que jugó testimoniales ante el Leicester, el Sheffield United, el Hartlepool United, el Derby County (en dos ocasiones) y el Notts County, todos ellos en lunes o miércoles, entre septiembre y mayo. Mientras, una temporada después, ya como campeón de Inglaterra en la campaña que sumó su primera Copa de Europa, el conjunto de Nottingham viajó en verano a la extinta Yugoslavia, Grecia y España (disputó el Trofeo Ciudad de Vigo, jugando el lunes 14 de agosto contra el Celta y el miércoles 16 contra el Porto), y volvió a participar en testimoniales, siempre entre semana, entre septiembre y mayo, contra el Mansfield Town, el Exeter City, el West Bromwich Albion y el Southampton.

En las siguientes temporadas, el ritmo de los amistosos del Forest no menguó, pese a su éxito en las competiciones oficiales, sino al contrario. En el curso 1979-1980, el conjunto de Nottingham viajó en verano a Dinamarca, Alemania, Francia y España (para jugar en San Mamés el Trofeo Villa de Bilbao, el jueves 9 de agosto contra el Botafogo y el viernes 10 contra el Dinamo de Bucarest), y durante la temporada, a sus habituales testimoniales en Inglaterra, unió viajes a Egipto, Alemania, Francia, Emiratos Árabes Unidos y Baréin. Un año después, en la temporada 1980-1981, el período estival le sirvió para viajar a Canadá, Estados Unidos, Holanda y Suiza, mientras que a lo largo de la temporada competitiva disputó más de una decena de amistosos y testimoniales, entre ellos un encuentro contra el Real Madrid en el Santiago Bernabéu (el domingo 10 de mayo de 1981) y otro en el extinto Lluís Sitjar contra el Real Mallorca (el martes 19 de mayo de 1981). En la campaña siguiente, la 1981-1982, el Forest regresó en verano de nuevo a España (al Trofeo Ciudad de Zaragoza, donde se enfrentó el jueves 20 de agosto al Osasuna y el viernes 21 al anfitrión en La Romareda) para certificar el amor que Clough sentía por nuestro país y que siguió demostrando en las siguientes campañas: en el curso 1982-1983, una temporada en la que el Forest disputó 22 encuentros amistosos, el conjunto inglés jugó en verano el Trofeo Ciudad de La Línea (el sábado 7 de agosto contra el Athletic de Bilbao y el domingo 8 contra el Vojvodina Novi Sad) y el Trofeo Colombino (el sábado 21 de agosto de nuevo contra el Athletic de Bilbao y el domingo 22 contra el Recreativo de Huelva), y en febrero volvió a jugar en Palma de Mallorca, mientras que en el verano de ese año 1983 también disputó el Trofeo Joan Gamper en el Camp Nou (el martes 23 de agosto con el FC Barcelona y el miércoles 24 contra el Anderlecht).

En muchos de los partidos contra esos equipos, incluidos los encuentros contra conjuntos de la Primera española y otros representantes de la élite del balompié europeo, también jugaron los Sutton, Smelt, Hodge, Walsh, Plummer, Gray, Fairclough, Wigley y compañía, los nombres conocidos en Guadalajara, que fueron creciendo a base de amistosos que, a veces, incluso, coincidieron en el tiempo: en el año 1980, mientras el Forest ganaba su primer Trofeo Alcarria del 7 al 9 de agosto, el club inglés, en ese caso con la mayoría de los titulares de su primer equipo, también estaba participando en el Torneo 705 de Ámsterdam, donde fue cuarto, por detrás del Ajax, el AZ Alkmaar y el Bayern de Múnich.

«Clough confió en nosotros y eso fue suficiente. Eso era lo principal: éramos personas con las que hablar. Porque es un trabajo solitario, ser entrenador. Hablaba con nosotros, obtenía nuestras opiniones, ¡incluso solía dejarme elegir los jugadores substitutos!», recordó Liam O’Kane en la citada entrevista en el fanzine Bandy&Shinty. Y en ese mismo texto, Alan Hill, compañero suyo en el cuerpo técnico de Brian Clough en el histórico Forest, sentenció: «Lo que hacía a Clough especial eran sus cualidades motivacionales, más que nada su habilidad para hacer que las cosas fáciles parecieran y sonaran fáciles […]. Recuerdo que Brian me decía: “Siéntate ahí, escucha, aprende y haz preguntas”. Un día le pregunté “¿Qué piensas sobre lo que es entrenar, entrenador?”. “¿Entrenar? No me preguntes sobre lo que es entrenar”. “¡Pero me dijiste que hiciera preguntas! ¡Te estoy preguntando!”. Él dijo: “Escucha con mucha atención, Hilly. Esto es entrenar. Porteros: impide que el balón pase entre esos dos postes blancos, con el travesaño y la red. Laterales: defiende. Apoya a tu extremo cuando sea el momento adecuado y sabrás cuándo es ese momento. Centrales: cabecea la pelota. Preferiblemente lejos de mi portería. Centrocampistas: pasa la pelota. Y si no puedes pasarla, dásela a alguien que pueda. Extremos: usa tu velocidad y tu habilidad para cruzar el balón hacia mis delanteros centro, que marcarán un gol. Eso es entrenar, hijo. Y no vuelvas a preguntarme nunca más”».

Las abejas que desaparecieron de la vitrina de los trofeos

Todavía con Brian Clough de entrenador, aquel Nottingham Forest tuvo una segunda etapa gloriosa, entre finales de la década de los ochenta y el inicio de los noventa, con varios terceros puestos en la clasificación liguera y seis finales en cuatro años en el viejo Wembley, entre ellas, el título de la Football League Cup del año 1989 contra el Luton Town (con Steve Sutton y Steve Hodge de titulares), el segundo título consecutivo de la Football League Cup del año 1990 contra el Oldham Athletic (de nuevo con Steve Sutton y Steve Hodge de titulares), el subcampeonato de la FA Cup del año 1991 tras perder en la prórroga contra el Tottenham (Hodge salió desde el banquillo en el minuto 62 en un encuentro que se recuerda por la terrible entrada de Paul Gascoigne a Gary Charles en la que el propio Gazza se rompió los ligamentos cruzados de su rodilla) y el también subcampeonato de la Football League Cup del año 1992 tras caer derrotado en la final contra el Manchester United.

Mientras, Juan José Laso regresó en su segunda etapa a la presidencia del Deportivo Guadalajara el 1 de julio de 1986, cuando el club alcarreño continuaba contando con alrededor de 5,6 millones de pesetas de déficit (33.656 euros) e iba a comenzar la cuarta de las eternas veinticuatro temporadas consecutivas en las que se mantuvo en Tercera, desde el curso 1983-1984 a la campaña 2006-2007. «Había una vez un equipo de Tercera, había una vez un equipo de Tercera, que no podía, que no podía, que no podía ascender», cantó durante muchos años, con la música de la canción El Barquito de los Chiripitifláuticos, la irónica peña deportivista La Zorra Alkarreña en las gradas del propio Pedro Escartín para dar fe a una realidad: el 24 de junio de 2007, el día que el Dépor abandonó la Tercera en Las Palmas de Gran Canaria y ascendió a Segunda B tras exactamente sesenta años de trayectoria, Guadalajara se convirtió por fin en la última de las 52 provincias y ciudades autónomas de España que lograba tener en toda su historia, al menos, un equipo más arriba de la citada Tercera.

Apenas cuatro años después, el 26 de junio de 2011 en Miranda de Ebro, de nuevo a domicilio como en Huesca, Villarreal y Las Palmas, el Dépor también logró ascender a Segunda, pero su paso por el balompié profesional nacional fue breve: al final del curso 2012-2013, la Liga de Fútbol Profesional descendió administrativamente por irregularidades en la ampliación de capital que había realizado en el verano anterior al CD Guadalajara, que se había mantenido en la categoría por méritos deportivos. «Desde el año 1970 al año 1980, junto a la época de 2007 a 2013, es la mejor época de la historia del Deportivo Guadalajara, pero la segunda época fue con artillería enemiga, con una gran mentira», se lamenta Sesma.

Eso sucedió ya con un nuevo presidente, Germán Retuerta, después de que Juan José Laso hubiera dejado el cargo de forma definitiva unos años antes, el 28 de octubre del año 2001, tras haber convertido al Club Deportivo Guadalajara en una Sociedad Anónima Deportiva y haber sido su máximo mandatario, en dos períodos diferentes, a lo largo de 27 años, más de un tercio de los 75 años de historia que ha cumplido en este año 2022 el club deportivista.

Por su parte, el Trofeo Alcarria, el torneo veraniego que Laso ideó, promocionó y engrandeció, y en el que, además del Queens Park Rangers y el Nottingham Forest, equipos como el Atlético de Madrid, el Valencia, la UD Salamanca, el Getafe, el Rayo Vallecano, el Cádiz, el Real Oviedo, el Numancia, el Real Valladolid, el CD Leganés o el Real Madrid Castilla lucen en su palmarés (y en el que, al igual que el Tottenham, también han participado conjuntos como el Sevilla o el RCD Espanyol), fue perdiendo su lustre hasta que se suspendió por primera vez en los años 2015 y 2016 y, tras una nueva edición celebrada en el 2017, otra vez fue suspendido en 2018, 2019 y 2020. Ya en verano del pasado año 2021, el Deportivo Guadalajara volvió a organizarlo con una edición totalmente guadalajareña que se adjudicó el CD Marchamalo, equipo que militaba en la Segunda RFEF, la cuarta categoría del fútbol español.

Unos meses más tarde, en la noche del lunes 20 al martes 21 de diciembre del 2021, a los 85 años de edad, Juan José Laso Rhodes falleció.

Pocas semanas después de su fallecimiento, a Guadalajara llegó la confirmación desde Nottingham de que en la vitrina de trofeos del City Ground, ese estadio que, al igual que el Pedro Escartín, se asienta a la orilla de un río, ya no están presentes, al contrario de lo que sucedía hace años, los dos trofeos que el Forest ganó en el Trofeo Alcarria, con su tarro de miel y sus abejas. «Los trofeos no parecen estar en el City Ground», aseguran desde el Nottingham Forest Football Club tras «revisar todas las vitrinas de trofeos del estadio».

Por desgracia, los milagros solamente ocurrían en el fútbol del pasado.

Fuentes consultadas

Archivo personal de Juan José Laso Rhodes. – Archivo del Club Deportivo Guadalajara (digitalizado por Jesús López Arce). – Archivo personal de Justo Yela Recio (por cortesía de Óscar Cuevas Moral). – Archivo del periódico Nueva Alcarria. – English Football Association.

– Nottingham Forest Football Club. – Queens Park Rangers Football Club. – Tottenham Hotspur Football Club. – British Broadcasting Corporation (BBC). – BBC Sports Nottingham. – The Guardian. – The Telegraph. – The Daily Mail. – As.

The Times. – El País.- Mundo Deportivo. Marca. – Flores y Abejas. – Guadalajara. Diario de la Mañana. – Associated Press. – Pueblo.

– Página web oficial de la FIFA. – Página web oficial de la UEFA. – Wolcott Field. – The Damned Utd, de David Peace. – Getty Images. – Alamy. – Wikipedia. – YouTube.

Bandy&Shinty.- Nottingham Post. – Página web de Nottingham Forest News. – Página web de Nottingham Forest Programmes. – Página web de The City Ground. – Página web de BD Fútbol. – Página web de Transfermarkt. – Cuenta de Twitter @eibarsestaoX.

– Página web de World Football. – Página web de Barry Hugman’s Footballers. – Página web de England Football Online. – Página web de Football Site. – Página web de My Eyes Have Seen The Glory. – Página web de Sporting Heroes. – Página web de The Football League Paper. – Página web de Football Programmes.

– Página web de Football Pink. – Página web de Footballia. – Página web de Historical Football Kits. – Página web de Football Club History Database. – Página web de Galleries Of English And Scottish Football Cards. – Página web de Neil Brown Newcastle Fans. – Página web de Where Are They Now? – Página web de The Rec.Sport.Soccer Statistics Foundation. – Página web de Tampa Sports History.

Read More